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Libros recomendados

«La visita del médico de cámara», de  Per Olov Enquist

Recomendado por Miguel Pérez. perezludena@gmail.com

 

Leí este libro porque lo recomendaba Baricco y porque trata sobre mi época favorita, el último tercio del siglo XVIII. Es una versión novelada de lo que pasó en la corte danesa de Cristián VII. Su tema es la razón y la locura.

 

Cuando mi padre se quejaba del poco tiempo que pasaba con él decía que hacía “visitas de médico”, y éste es el sentido del título. La “época de Struensee”, el gobierno ilustrado de Dinamarca que introdujo la libertad de prensa, eliminó privilegios y despenalizó el adulterio, duró apenas un verano. Mientras todos los intelectuales de Europa aplaudían las reformas danesas y Voltaire escribía poemas en honor a Cristián VII, su gobierno se basaba en un Rey incapacitado rodeado de una Corte de locos.

 

Ya se sabe que muchos reyes dejaban gobernar a ministros favoritos (validos) mientras ellos se dedicaban a las ceremonias y la caza, pero este libro sugiere algo más siniestro: la dejadez e incapacidad del Rey no era casual sino programada. Los mismos ministros saboteaban la educación del príncipe heredero para desequilibrarlo, convertirlo en un loco desvalido y así perpetuar su poder. En el caso de Cristián, que crece sin madre y con un padre alcohólico y ausente, su educación alternaba de modo esquizofrénico los golpes y abusos con las reverencias.

 

Cuando Cristián VII sube al trono es un joven sensible e inteligente, pero con una visión increíblemente distorsionada de la realidad e incapaz de relacionarse con nadie. A menudo sugiere que él no es el verdadero Rey, sino que es víctima de un intercambio de papeles (tiene una curiosa obsesión con el teatro). Su matrimonio con Carolina Matilde, hermana del Rey de Inglaterra famoso por loco, es, por supuesto, un desastre. En esta situación tan vulnerable aparece Struensee, un médico alemán de ideas ilustradas que contratan como ayuda de urgencia antes del viaje de la corte por Europa, pero que en seguida se hace con la confianza del Rey.

 

En el último tercio del libro la historia se acelera. Struensee concentra todo el poder y se convierte en el amante de la Reina, que ha ido creciendo en una mujer valiente y decidida. Ella es el único personaje positivo en esta historia; Struensee, en cambio, es un ingenuo bienintencionado sin ninguna visión política. Al final, su revolución ilustrada no tiene apoyos en el pueblo ni en la corte, y termina en un golpe de estado que triunfa sin oposición. Guldberg, el próximo favorito del Rey, urde la trama y chantajea a Struensee y Carolina Matilde con la vida de la hija que ambos tuvieron. Él morirá ejecutado; ella irá al exilio sin sus hijos, y morirá poco después, a los 26 años.

 

El libro está escrito en un estilo extraño. Con frases muy cortas. Y muchas repeticiones. Muchas repeticiones. Puede que sea un modo de romper la narrativa y alejar cualquier idea de coherencia en aquella historia de locos, o puede que sea la mano de un traductor desequilibrado. En cualquier caso, la historia se disfruta y dan ganas de seguir leyendo otras cosas de ese siglo de locos, como la vida de Casanova, o Enciclopedie de Philipp Blom.

“Escritos biográficos”, de Madame Curie

Recomendado por: Orlando Posadas, orlando@eric-sj.org

 

 

Cuando me sentí invitado a comentar sobre un libro que haya leído, rápido mi pensamiento me transportó a mi juventud, y a recorrer por varias obras literarias que leí cuando me preparaba para ser un carpintero en el Instituto Técnico Loyola, (INTELO) de la ciudad de El Progreso, Honduras, ubicado en viejos barracones de la zona de las compañías bananeras.

 

Debo reconocer que la motivación por la lectura surgió en estas aulas de mencionados barracones, en aquellas clases de español impartidas por mi profesor (Alejandro Fernández Ludeña) y animadas en aquellos círculos de lectura que organizaban junto a otros amigos en su casa de aquel entonces, (Colonia Mangandy 1991…). También admito  que, fue en esta etapa de mi juventud en la que más libros leí, fue donde conocí la pasión por la lectura, era casi imposible no leer, siempre había en la mesa o en el sofá de aquella casa, un libro que estaba siendo devorado por uno de mis amigos, entre ellos José Luis, nuestro amigo en común, a quien recuerdo leyendo en el sofá de aquella sala, en qué, en vez de una televisión había un estante de libros. Al principio creía que la lectura era solo para intelectuales, para gente importante pero mi ignorancia cambio, aunque no niego que leer hace sentir importante. De esta experiencia aprendí que en casa puede faltar la Tv, o cualquier otro aparato, menos un librero, un rinconcito para la lectura…

 

En mi vida, hasta ese entonces, nunca había visto una persona como mi profesor de español interesado en que la gente tuviera acceso a literatura. Vienen a mi memoria sus recomendaciones en las aulas de clase y de algunos barrios donde se crearon unas mini bibliotecas con su gestión de libros, recuerdo los salones parroquiales y la “Escuela Taller Ulúa” en que se podía hacer alguna consulta y donde se creaban los círculos de lectura.

 

Mientras pensaba en que libro podría comentar y recomendar para lectura, sin dudarlo pensé en la Biografía de Marie y Pierre Curie, un libro que en aquellos momento me introdujo a un mundo de aparente ficción por su forma narrativa, que se transforma en un arte para enganchar, deleitar y llevar a conocer acontecimientos históricos reales. Como lector principiante, no solo había logrado enamorarme de la obra, de entrar en el dolor con Marie por el fallecimiento trágico de Pierre y todos los recuerdos de su época juntos, sino que contribuyó a mi vida de estudiante de secundaria, que coincidió mientras estudiaba la tabla periódica de los elementos. Es decir que “cayó como anillo al dedo” e incrementó el interés por conocer de sus creadores, sobre la química y la física. No me convertí en ningún escritor ni profesor o alguien dedicado a la química o física, pero bastó para empujarme a mayor interés por la lectura. Tanto así que lo releí y lo anduve cargando conmigo varios años hasta que un día lo presté y no volvió a mis manos, porque lo dejaron olvidado en un taxi. Me enfadé y no reconocí dicha pérdida, casi lloro,  y acepto que había estaba mezquino con ese libro, había viajado en barco desde España para llegar a mis manos a través de este buen amigo, y perderse en los asientos de un taxi, me consolé pensando que si alguien se lo quedó y leyó seguro lo habrá disfrutado. La obra es una maravilla, un hecho de la vida real con aparente ficción, una conexión del matrimonio que arropa la pasión por la investigación y la ciencia entrelazada con la vida, el amor en el mundo real de sus vidas el entorno cercano y la época.

 

Me atrevo a decir que muy pocos escritos vinculan una realidad donde la pasión por la ciencia la investigación, podría reducir o suprimir el interés por otra pasión. Sin embargo, Marie y Pierre Curie, unen su amor matrimonial con la pasión e interés común  por descubrir nuevos elementos científicos, sumergiéndose en grandes jornadas de trabajo donde viven momentos emotivos y apasionados que, sin escatimar detalle y de manera perspicaz, nos hacen participes e introducen en una radiante dimensión, experimentando los diferentes momentos en la vida de estos dos grandes científicos, nos lleva a redescubrir otros detalles importantes compartidos en el mundo de la ciencia y la vida de pareja, la familia, las emociones entre las alegrías y lo adverso.

 

Entre la adversidad, desarrollarse en la ciencia como mujer, tener oportunidades en otros espacios u ostentar a cargos importantes, era visto como algo inaudito. Había que lidiar con lo establecido, las normas de la época como algo extraño o insólito al tratarse de una mujer que se habría camino, no obstante, y quizá muchos científicos no hubiesen logrado sus investigaciones o su fama sin haber tenido al lado a una mujer, pero mucha historia fue escrita desde ese modelo del patriarcado, que persiste en nuestra sociedad actual, sin embargo, algo distinto había en esta pareja de científicos. Con el descubrimiento de los elementos del Polonio y el radio Marie Curie llega a ser la primera mujer en recibir un premio nobel y tiempo después el segundo.

 

Marie y Pierre Curie, ambos fundieron el amor y su interés científico, construyeron con su complementariedad la satisfacción de lo posible. Marie Curie pasó a la historia de ilustre científica, alcanzando sueños que rompieron esquemas, dejando un legado a sus dos hijas Irene y Eve, y sus grandes aportes a la humanidad como científica y como mujer que aún perduran.

“Ordesa”, de Manuel Vilas

Recomendado por: Jano Ludeña, janoludo@yahoo.es

 

Me sentí motivado a leer esta novela tras escuchar a Manuel Vilas, su autor, hablar de su último libro en una entrevista de radio. Me impresionó la forma en que abordaba el tema de su padre muerto. No era la emoción común de quien acaba de perder a un referente vital. Tampoco una manera de sentir excesiva, transida por el dolor de los acontecimientos que te superan. El poeta Vilas, magnífico poeta, hablaba de su padre como un ser presente, redescubierto y redimensionado por la muerte. Como si la desaparición física nos pusiera ante el desafío de callar para siempre o comunicarnos de otra forma, mucha más real y sincera. Pensé que de un sentimiento tan profundo tenía que nacer una gran novela. La compré de inmediata y no me equivoqué. Lo que no sabía es que, además, la prosa poética de Vilas es de las más hermosas con las que nunca me he topado. Excepcional. Te sientes conmovido desde la primera página y el asombro se abre paso a medida que consumas su lectura. Vilas se nos muestra a corazón abierto, con toda su humanidad abierta en canal, sincero hasta el desconsuelo más auténtico. Y, sin embargo, su lectura termina por ser confortadora y te reconcilia con la vida: merece la pena existir para querer y ser querido. Por si fuera poco, la pluma precisa del autor, afilada como un bisturí, disecciona la España de los último cuarenta años, ese itinerario sentimental que no es común a los nacidos en los años 60. En Ordesa cada breve capítulo se convierte en una lección inolvidable. Un libro brutal en todos los sentidos. Hermosísimo. Imprescindible.

“Factfulness”, de Hans RoslingAnna Rosling Ola Rosling

Recomendado por: Chema Álvarez Vega, chema_elea@hotmail.com

 

Fue precisamente el anfitrión de este blog, mi amigo Jano Ludeña, quien me habló por primera vez de este trabajo durante las navidades de 2018. Suscitó mi curiosidad cuando me dijo que era un libro muy serio, entendiendo serio como riguroso, y que lo había colocado en su lista de “libros a leer” para el 2019. Recuerdo que hice algunas consultas en Google, pero por ahí quedó la cosa porque en aquellas fechas yo estaba errando por otros derroteros literarios. Pero la sugerencia quedó anotada en mi memoria.

 

Luego escuché a Tony Blair recomendar vehementemente la lectura de este libro junto a la de otro superventas del momento, “En defensa de la ilustración” de Steven Pinker. Según Tony Blair, estos dos libros eran imprescindibles para entender el mundo de hoy y devolver un poco de cordura al discurso político vigente. Tony Blair no tiene muchos amigos últimamente. El activo papel que su Gobierno jugó en la guerra de Irak y la constatación más o menos clara de que sus decisiones se basaron en informaciones falsas, ha arruinado su carrera política y dañado severamente su reputación, pero sigue participando ocasionalmente en la vida política en el Reino Unido. A algunos como a mi, nos gusta escucharle cuando presenta sus razonamientos anti-Brexit y hace sus sugerencias para intentar minimizar los efectos de este desaguisado. Tal vez su recomendación sea una forma de intentar redimirse de los errores del pasado porque como pronto comprobará el lector, “Factfulness” va precisamente de afinar la veracidad de los datos en nuestra compresión del mundo. Tony Blair no afinó bien en su momento.

 

Ni Jano, ni Tony Blair me motivaron lo suficiente para comprar el libro, pero el título quedo resonando en mi cabeza. Finalmente me tropecé con un ejemplar mientras deambulaba por la librería de un aeropuerto. Ese mismo día había terminado “Hombres buenos” de Arturo Pérez Reverte y necesitaba más material leíble para el resto del viaje, ¿Por qué no cambiar de tercio? Reparé que en la portada venía otra frase elogiosa de Barack Obama y ahí ya me dije: “no se hable más, lo compro”. ¿Cómo no leer un libro que te recomiendan Jano, Tony Blair y Barack Obama? A veces pienso que debo tener un poco despistados a los algoritmos cazadores de tendencias con la temática de mis lecturas. Los buscadores que interpretan mis búsquedas previas me recomiendan últimamente cosas muy variopintas, creo que no acaban de pillarme, o tal vez sí, ¿quién sabe?

 

Lo primero que conviene aclarar es el tema de la autoría de “Factfulness”. Observará el lector que aparecen tres autores con el apellido Rosling y eso es porque en su elaboración han colaborado tres miembros de la misma familia. Es por tanto el resultado de un esfuerzo mancomunado familiar.  Hans Rosling ha sido (ahora explicaré porque utilizo el participio) un conocido médico y académico sueco que durante los últimos años de su carrera popularizó a nivel mundial, a través de sus charlas, cursos y conferencias, unos gráficos dinámicos que describen como ha evolucionado el mundo en relación con las variables clásicas que normalmente utilizamos para medir de desarrollo de los países: cobertura de vacunas, esperanza de vida, escolarización, etc. Su hijo Ola y su nuera Anna han colaborado activamente en este esfuerzo y aunque el libro está escrito en primera persona – Hans es quien presenta los datos y los adereza con reflexiones e incluso anécdotas personales- en todo momento se percibe que Ola y Anna han jugado un papel muy importante en la parte analítica y en la presentación de los datos. No solo se percibe, es que lo dice explícitamente el propio Hans Rosling en la introducción.

 

He considerado oportuno hacer esta referencia a la autoría del libro porque hay una circunstancia que hace esta explicación relevante. Y es que Hans fallece el 7 de Febrero de 2017, aproximadamente un año antes de que el libro vea la luz, habiendo dedicado los dos últimos años de su vida a la elaboración del mismo.   Es su hijo Ola y su nuera Anna, los que completan la tarea. Hay una nota en el libro en la que se explica de una manera muy sobria y serena esta situación.

 

Digo que este apunte es relevante, no porque haya que hacer justicia a la hora de atribuir porcentajes o cuotas de autoría. Queda claro que esto le trae sin cuidado a los propios autores. Me parece relevante porque, al menos para mi, en la lectura de un libro teóricamente técnico, cargado de porcentajes y líneas de tendencia, han corrido en paralelo dos experiencias, la experiencia de aumentar mis conocimientos sobre el mundo, y la experiencia de empatizar con el autor que en el proceso de elaborar este trabajo experimenta la enfermedad y la muerte.  Quien se anime a leer “Factfulness” o ver los videos de las charlas de Hans en “Youtube”, pronto reparará en que era una persona dinámica, vital, inteligente y con un gran sentido del humor… Es difícil leer este libro sustrayéndose al hecho de que Hans sabía que se estaba muriendo mientras lo escribía, es difícil leer este libro y no sentir al mismo tiempo algo de simpatía por el autor. El drama humano se cuela entre los gráficos sobre el estado del mundo. En fin, cosas mías.

 

¿Pero de qué va el libro se preguntará el paciente lector de esta reseña? Bueno, sintetizando mucho, la tesis del libro es que la opinión pública, en general, tiene una visión distorsionada de la situación mundial en relación con los niveles de desarrollo y lucha contra la pobreza, tanto a nivel global como por países. Los autores presentan a lo largo de las aproximadamente 300 paginas del libro una serie de datos sobre la realidad mundial para concluir que el mundo va mucho mejor, o al menos ha experimentado una mejoría mucho mayor, de lo que habitualmente el público cree, tanto el público en general como el público especializado. En resumen, que tenemos una visión más trágica y más dramática del mundo de lo que en realidad es.

 

Para hacer esta presentación los autores se valen de los resultados de una serie de miniencuestas que el propio Hans aplicó durante varios años a distintos públicos y audiencias bien directamente durante sus charlas o a través de otras iniciativas promovidas desde la Fundación “Gapminder, otro proyecto de los autores.  Se trata de 13 preguntas en formato test, con tres opciones para responder, en las que se pide a los encuestados que se pronuncien sobre cuestiones que en principio tienen una respuesta objetiva, como, por ejemplo, “¿Qué porcentaje de niños menores de un año a nivel mundial han sido vacunados contra alguna enfermedad?”. Las opciones son 20%, 50% o 80%. Los resultados recogidos por Hans y su equipo muestran que las personas tienen generalmente una visión mucho más negativa de la realidad de lo que en realidad esta es. Son ya el 80% de los niños/as a nivel mundial los que han recibido algún tipo de vacuna.

 

En muy pocos casos, las respuestas correctas superen el 20%, la mayoría de los encuestados falla en sus respuestas con un sesgo negativo notable. Un argumento que Hans utiliza de manera recurrente a lo largo del libro es que de haber respondido de manera aleatoria las preguntas (él lo llama la respuesta de los chimpancés) hubiese arrojado mejores resultados. Un servidor hizo el test y respondió correctamente 7 de las 13 preguntas. No está tan mal, pero lo cierto es que yo estaba sobre aviso.

 

Seguramente se podrían hacer algunas observaciones críticas al significado real de estas encuestas, pero creo que en su conjunto ponen de manifiesto una situación real: tendemos a dramatizar, ¿o no? Rosling se cuida mucho de afirmar que todo esté bien y que la lucha contra la pobreza, la discriminación, el deterioro medioambiental, etc. ya sean tareas acabada. De hecho, sus presentaciones no ocultan que todavía hoy día hay 1.000 millones de personas viven en situación de extrema pobreza, pero insiste mucho en que hay otros 6.000 millones que ya han salido de esa situación y que otros muchos procesos están bien encaminados, solo hace falta tiempo.

 

Uno de los argumentos recurrentes a lo largo del libro es que en la llamada brecha entre el nivel 1 (los 1.000 millones más pobres) y el nivel 4 (los 1.000 millones más ricos) viven los 5.000 millones de personas, son los niveles 2 y 3, los niveles intermedios en los que vive la mayor parte de la población mundial. Esta constatación le sirve de base a Rosling para afirmar que en ese intervalo que llamamos “la brecha” vive en realidad mucha gente, de ahí que se pregunta si realmente se puede hablar de una brecha. El caso del Asia es referido varias veces en el libro porque en este continente tan poblado, muchos millones de personas han salido de la pobreza en los últimos 20 años.

 

A partir de estos datos – Rosling insiste en que son datos y no opiniones – se pregunta por qué las personas tienen esa tendencia a distorsionar la realidad. ¿Qué nos hace verlo todo más negro de lo que en realidad es? ¿Por qué descalificamos tan fácilmente lo positivo y nos quedamos con lo negativo? En otras palabras, por qué no sustentamos nuestra visión del mundo en hechos o realidades.  A partir de estas preguntas básicas el libro hace un recorrido por lo que el autor denomina “instintos” que sería algo así como los factores distorsionadores que están presentes en nuestro entendimiento y nos hacen percibir la realidad distinta de como es.

 

En realidad, Hans Rosling aplica el mismo principio que las terapias cognitivas aplican a aquellos individuos que, por percibir la realidad de una determinada forma, desarrollan algún tipo de disfuncionalidad en la vida. Las terapias cognitivas ayudan a la persona a remover los filtros que distorsionan su aprehensión de la realidad haciéndolas sufrir. ¿Será que Rosling nos somete a una suerte de terapia? Pues en cierto modo sí, aunque en este caso no haya sufrimiento asociado a tener una determinada percepción de la realidad, el autor y su equipo entienden que nuestra esta percepción afecta a nuestro desempeño en la lucha contra la pobreza.  No sé puede luchar eficazmente contra algo si los hechos no están bien establecidos, de ahí el título del libro.

 

El recorrido por los distintos “instintos”, el de la negatividad, el de las generalizaciones, el de las simplificaciones, hasta 11 instintos son tratados en la parte central del libro, es muy ameno. En cada caso, Rosling inicia su argumentación con una anécdota que le ha acontecido a lo largo de su vida profesional para de ahí conectar con la crítica al instinto que quiere combatir. En muchos casos parte de juicios o comportamientos errados en los que incurrió como joven médico o como profesor para de ahí derivar una lección.  Como digo, en todos los casos resulta muy ameno y convincente, aunque entiendo que en cada caso se podría presentar algún contrapunto a sus argumentos. Algo que me imagino ya habrá hecho otros observadores con una visión más crítica sobre la evolución del planeta.

 

En algunos de sus análisis Rosling acusa de activistas, políticos y académicos de exagerar para ganar adeptos a su causa. Insisto en que, a mi modo de ver, no niega la existencia y persistencia de los problemas, resulta muy equilibrado en este sentido, pero su tesis es que sólo podremos combatirlos correctamente si los ponemos en su justa medida y van acompañados de una lectura bien ponderada de la secuencia y el contexto en que se inscriben. Rosling insiste en que hay que basarse en “hechos” y “realidades”.

 

Me imagino que más de un avezado activista habrá saltado a la palestra después leer “Factfulness” y rebatido algunos de los argumentos de Rosling con otros “hechos” y otras “realidades”. No este el momento ni el lugar para entrar en contrastaciones de este tipo. Personalmente, creo que las tesis de Rosling están bien fundamentadas en los datos que presenta, no es fácil rebatir sus tesis si no es con otros datos. La duda que a uno le queda es si, en general, los datos, por muy exhaustivos que sean, capturan efectivamente la realidad en toda su extensión. A veces llama la atención la confianza que Rosling tiene en sus datos.

 

Para empezar, utilizamos unos datos y no otros, y en el propio proceso de selección es posible que estemos introduciendo un sesgo. ¿No sería posible para otro experimentado observador escoger otras 13 variables en las que el progreso de la humanidad hubiese sido mucho más limitado y presentar una visión más pesimista de la realidad? Seguramente sí sería posible. ¿Son los datos todos los datos? ¿Será que los datos representan la realidad en toda su extensión? Uno tiene la sensación de que en la mayoría de las veces esta se escapa por las costuras de nuestros modelos lógicos.

 

Por un lado, habría que referirse a la fiabilidad de los sistemas de medición. Cualquiera que haya hecho seguimiento a una batería de indicadores sabe que además de las dificultades inherentes a la recogida de datos (no es fácil recoger datos sobre cobertura sanitaria en países con sistemas de información deficientes), las partes interesadas normalmente se esfuerzan por que estos ofrezcan una imagen positiva de lo conseguido.  Los encargados de recoger los datos son en la mayoría de los casos jueces y parte de los procesos reportados y como dice el refrán, “ningún pavo quiere que llegue navidad”. Es bien sabido que algunos países manipulan las estadísticas para demostrar que su sistema político funciona, uno se imagina que Rosling está al tanto de estos y habrá aplicado un factor de corrección a los datos brutos que le proporcionan sus fuentes.

 

También uno siente que los resultados que resultan de las miniencuestas no deben ser tomados como un reflejo fiel de lo que realmente sabe o no sabe la gente, valen como un “proxy”, una aproximación, pero no como el estado real de opinión de un público realmente amplio y variopinto. Por otro, ¿cómo interpretar el porcentaje de respuestas erradas?, ¿reflejan estas realmente un estado de ignorancia? Cuando el autor de esta reseña respondía a las preguntas del test encontró varios casos en los que tuvo dudas entre la opción B, supongamos 40% y la opción C, digamos 70%. Finalmente, uno se deja llevar de la intuición y marca una opción que al final está errada, pero ¿será que soy un ignorante sobre la realidad mundial? ¿debería saber si la respuesta correcta es 40% o 70%?  Tal vez sea esperar mucho del ciudadano de a pie.

 

¿Va el mundo a mejor o a peor? Esta sigue siendo la pregunta del millón. ¿Será verdad aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor? Este es el típico punto de discusión en el debate intergeneracional. Si le hacemos caso a Rosling – y hay muchas razones para hacerle caso- parece claro que el mundo va a mejor. Los datos, a pesar de sus limitaciones, reflejan una realidad incontestable. No cabe la menor duda que las soluciones técnicas no dejan de avanzar y siempre habrá cuotas de bienestar y progreso que deriven de este proceso. La tecnología tiene una dinámica propia y muchos problemas serán solucionados o su impacto minimizado gracias al progreso tecnológico. Salvo acontecimientos críticos como puede ser una guerra o una grave crisis política o económica, las diferentes sociedades irán incorporando esos avances a su acervo de recursos técnicos.

 

¿Cuál es entonces la razón por la que mucha gente se resiste a aceptar la veracidad de este proceso o al menos levanta alguna observación crítica? ¿Por qué lo mayores tendemos a decir que antes las cosas eran mejor? ¿O por qué los jóvenes de ahora se indignan cuando los datos parecen indicar que viven mucho mejor que sus abuelos? El que sienta curiosidad por averiguar la respuesta haría bien en leer el repaso que Rosling hace de los 11 instintos. En todos los casos se trata de ideas muy sugerentes, pero yo creo además que las personas nos resistimos a que unas estadísticas nos hurten nuestra percepción de la realidad. Resulta que ahora viene el CIS con sus datos y te dice los que eres o lo que somos, pues no. En el fondo desconfiamos un poco de los datos, y bien está, porque como ya apunté antes no está claro, que sean capaces de captar la realidad en toda su extensión. Siempre depende de hacía donde diriges la mirada. Además, están todos los aspectos cualitativos e intangibles, no expresables de forma numérica, si bien ahora uno comprueba con asombro que se presentan rankings de felicidad por países, algo que no sé muy bien como se elabora. En definitiva, que como decimos en Asturias: “vas decímelo tú a mi”. Ponme enfrente los datos que quieras que yo ya te digo como son las cosas.

 

Y concluyo mostrando mi total acuerdo con Tony Blair y Barack Obama, “Factfulness” es un libro muy recomendable.

 

Y ya para cerrar un In memoriam: Descansa en paz Hans Rosling que te lo mereces. He disfrutado mucho con tu libro y con tus charlas.

 

Chema Álvarez

 

“El vuelo de la inteligencia», de Jose Antonio Marina

Por Isis Orellana, amorellanac@gmail.com>

 

Voy a citar a la maravillosa Margarita Riviére, escritora, periodista y una de las mujeres más admiradas por su trayectoria en España.

 

La reseña de este libro que la dulce Margarita escribió es tan compleja e interesante, que me atrevo a reproducir sin afán de ofender su texto y el con el cual participo literalmente usando sus palabras sobre «El vuelo de la Inteligencia»..

Es muy sencillo: si algo distingue a los humanos es nuestra capacidad de inteligencia, es decir, de contrastar, de proyectar, de crear. Pero, a veces, las cosas más sencillas son las más difíciles y las que más se olvidan.

Sinceramente, desde hace bastante tiempo, y así lo he escrito en otros lugares, doy vueltas a una inquietante cuestión: ¿nos estamos volviendo tontos? Nuestro mundo, en cambio acelerado y envuelto en un papanatismo galopante, da pie a plantearse si ejercemos, como individuos y como grupo social, todas las posibilidades de la inteligencia humana. Está claro que, muchas veces, no sabemos qué hacer con esa capacidad insustituible. Está claro, creo que todos lo hemos podido comprobar, que hay ocasiones en las que mutilamos, acallamos, guardamos esa facultad para mejor ocasión; la inteligencia, frecuentemente, es incómoda, provocativa y parece algo fuera de lugar. Todo lo cual, sin duda, es una muestra de la falta de inteligencia, nunca reconocida, de nuestra orgullosa civilización tecnicocientífica.

Margarita Riviére.

“El Bajísimo”, de Christian Bobin

Recomendado por: Toya topealon1@gmail.com

 

 

Christian Bobin nació en 1951 en Borgoña, donde vive, alejado del mundanal ruido, en el corazón de un bosque.

 

Profundizar en la lectura de cualquiera de sus obras es quedar atrapado en un instante contemplativo y de profunda conexión con uno mismo, altamente recomendable.

 

En El Bajísimo, a través de un peculiar viaje por la biografía de san Francisco de Asís, el autor aprovecha para reflexionar sobre hechos y momentos trascendentes de nuestras propias vidas: la infancia, la maternidad, la carencia…  Bobin se mueve por nuestra propia historia en un salto de siete siglos recurriendo a pasajes bíblicos con una prosa apabullante.  En cada párrafo uno tiene el deseo de querer ver como él, de alcanzar a comprender que lo esencial depende más de un suceso que de todo un proceso vital.

 

Y es que si queremos encontrar a Dios en alguna parte (como sea que lo entendamos), nos recomienda acudir a lo más cercano. Bobin nos muestra un novedoso concepto de Dios que se aleja de lo grande, él lo llama “El Bajísimo” porque se encuentra con él y en él a ras del suelo  y “a la altura de la infancia”. Ahí,  en la insospechada divinidad que sólo podemos descubrir desde la inocencia, contemplando la sencillez de la vida sin dejar de asombrarnos, como el santo de Asís.

 

«He encontrado a Dios en las lagunas, en el perfume de la madreselva, en la pureza de algunos libros e incluso en los ateos”, dice el escritor en otra de sus obras.

 

Una lectura altamente recomendable para encumbrar la bajeza de lo cotidiano y mostrarnos una visión más amable de nuestra vida. Otro enfoque.

 

 

“Ana Karenina”, de Leon Tolstoi

Recomendado por: Susana, susana.ferrera1@gmail.com

 

 

Tolstói tiene una gran capacidad narrativa por lo que llega a hacerte sentir la época, describiendo  una aristocracia  llena de hipocresía. Presenta a Anna K. como un gran personaje llena de inteligencia que se enfrenta a la élite rusa.  Se viven los personajes, los conciertos, la campiña, sientes el sufrimiento de los personajes que en alguna medida muestras ciertas realidades del autor.

“Biografía del Silencio”, de Pablo D´Ors

Recomendado por: Alicia Reyes, aliciar99@hotmail.com

 

 

¿Qué hay más allá de lo que llamamos vida?

Desde hace muchísimos años he buscado medicina para curar mis heridas de la niñez. Estoy consciente que todo es un proceso. A veces, pienso que no lo he logrado, otras veces, veo que he recorrido un gran camino.

 

Sin embargo, a decir verdad, los fantasmas de mis heridas me visitan una y otra vez, de manera recurrente. En los últimos años, me he sentido muy privilegiada porque soy parte de la Danza del Alma, un espacio para sentir. Aquí aprendido a profundizar en mi viaje interior a través del silencio, así que la Biografía del Silencio de Pablo d’Ors, me vino como “anillo al dedo”.

 

Devoré cada página, donde a manera de ensayo nos habla de cómo en el silencio nos encontramos con lo más profundo de nuestro ser y, para ello, solo necesitamos: sacar tiempo, sentarnos y respirar en el silencio.

 

Sacar tiempo en medio de una vida tan competitiva, fugaz y afanada, donde las pantallas luminosas del celular, la computadora, la tableta o la televisión te llaman a gritos para que te conectés, pero la mayor parte del tiempo, esto significa estar desconectadas con nuestro propio ser.

 

Sentarnos… ¿pero ¿cómo hacerlo si tenemos que correr o estar parados para que nos vean? Es importante que nos miren los demás y sentarse es una pérdida de tiempo. Ya casi nadie saca tiempo para sentarse, hasta para tomar los alimentos lo hacemos de pie, pendientes del celular, de la televisión, de la computadora, porque cualquier cosa es más importante que sentarnos con nosotras mismas.

 

Respirar, que palabra tan profunda y maravillosa. Llevar aire a nuestros pulmones. No obstante, como vivimos de prisa, ni siquiera nos damos tiempo para sentir como el aire nos llena de vida, nos purifica, nos transforma un momento de desesperación en serenidad. Tenemos que darnos cuenta de que nos hemos olvidado de la respiración profunda de la niñez, para hacerlo rápido y en esa rapidez, también nos desconectamos con nosotras mismas, nos perdemos y nos volvemos personas dispersas.

 

El silencio: ahora puedo recordar cuánto miedo me daba esta palabra. Para no caer en el silencio, siempre hablaba más de la cuenta, siempre encendía la radio, la televisión, me rodeaba de amigos, de amigas.  Inventaba distractores, para no caer en el silencio porque me dolía demasiado, me hacía vulnerable, frágil, y esto me alejaba de mi máscara que adoraba tanto y que me había servido para ser fuerte y resistente.

 

Siempre tengo miedo al silencio, pero ahora descubro una y otra vez, que es el silencio lo que, me acerca a mí misma, me fortalece, me hace menos dispersa, me hace vulnerable y frágil para estar abierta a la vida. Para conectarme con mi niña olvidada, con mi niña que siempre me espera, confiada en que un día sacaré tiempo para reír, para jugar, para llorar, para abrazarla.

 

Es en el silencio, donde me doy la tarea de abrazar y curar mis heridas con amor, con paciencia y con valentía. Es en el silencio, donde calmo las emociones y los pensamientos negativos que mi mente produce. Es en el silencio, donde he llorado una y otra vez para rendirme y empezar de nuevo. Es en el silencio donde he descubierto mi fragilidad y mi pequeñez. Es en el silencio donde me he conectado con mis dolores y miedos más profundos para luego conectarme con una luz, a veces intensa, a veces diminuta que me dice que hay mucho más por descubrir de lo que nos han hecho creer que es la vida, como cita el autor de este libro.

 

Así que, recomiendo este libro, porque te habla de la meditación que hoy es tan necesaria para renovarnos, para calmar la rabia, el egocentrismo, la superioridad, el protagonismo desmedido de tener siempre la razón y, que nos aleja de la sencillez de vivir, de asombrarnos por lo cotidiano, por lo ordinario, por los detalles de estar vivas, de la confianza en nosotras y en las demás personas.

 

Yo apenas he comenzado. Deseo con toda el alma, llegar a descubrir lo que hay más allá, de lo que la publicidad nos vende que es la vida. Espero seguir dando pasos, no quedarme congelada por mis miedos, y seguir en este viaje maravilloso de conocerme a mí misma, a través del silencio y la meditación.