La autora de El infinito en un junco, Irene Vallejo, saltó a la fama hace pocos años con un ensayo que se convirtió en un auténtico éxito literario. El infinito en un junco repasa la historia de los libros desde la invención del papiro hasta nuestros días. Una historia apasionante que nos permite, entre otras cosas, redescubrir a los clásicos. Tras vender millones de ejemplares y traducirse a decenas de idiomas, alguien pensó que no era mala idea ilustrar este libro y convertirlo casi en un comic. El resultado acaba de salir y dan muchas ganas de leerlo. A continuación te contamos por qué este libro resulta tan recomendable y cómo y con qué propósito se hizo esta adaptación gráfica.

El infinito en un junco

El ensayo se lee casi como una novela, cuyos protagonistas son los libros. Su origen hay que situarlo cinco milenios atrás, cuando los egipcios transformaron un junco en un papiro (de ahí su título). Leyendo esta obra nuestra imaginación viajará a Alejandría, a las primeras librerías y a los talleres de amanuenses medievales. Vallejo, que cree como Marco Aurelio que la amabilidad todo lo vence, relata esta historia con admirable ternura y el cuidado de quien ama a los libros como sus fieles compañeros.

Democratizar la lectura

A algunos no les parece lo más correcto, pero en Escribir Bien y Claro siempre defendemos que la lectura debe democratizarse. Y para ello, bienvenidas son las traducciones, la adaptaciones y cualquier otro medio que permita divulgar el conocimiento. Algo así se propone la editorial DEBATE con este trabajo.

El autor de las ilustraciones es el catalán Tyto Alba, quien ya había adaptado al comic El olvido que seremos, de Hector Abad Faciolince.

¿Cómo se adapta una obra literaria?

Cualquier adaptación supone un nuevo trabajo de creación. Es mucho más que una copia. Supone una obra de arte diferente. Así ocurre, por ejemplo, en el cine, donde hay adaptaciones fracasadas, pero también hay películas que han superado al libro en calidad y aceptación del público. En el caso de una adaptación gráfica, el mayor reto está en que imágenes y texto formen parte de un todo, es decir, que dibujos y palabras no se puedan disociar. Algo que Tyto Alba ha conseguido plenamente con su adaptación de El infinito en un junco.