El premio Mariano de Cavia, que desde 1920 otorga ABC a la mejor columna periodística del año publicada en España, recayó en esta edición sobre Andrés Trapiello, de quien ya hemos hablado otras veces en este blog. Su artículo, Tal día como hoy, parte del recuerdo de otro artículo escrito por el propio autor: La batalla de Teruel. Ambos giran en torno a una misma historia: la inocencia de su padre, obligado como tantos otros a pelear en una guerra que no entendía. En 1937, el padre de Trapiello, con apenas 20 años, pasó la nochebuena en una trinchera, soportando con estoicismo una temperatura de 18 grados bajo cero. Aquel joven combatió en la guerra civil española y, como tantos otros, lo hizo anónimamente, impulsado por unas circunstancias que marcaron su destino. Arriesgó su vida a cientos de kilómetros de su casa. Sobrevivió para contarlo con sencillez y estupor. Y transmitió a los suyos el respeto por quienes, sin importar el bando en que luchan, se han visto arrastrados a una guerra absurda.

La batalla de Teruel

En su artículo escrito al filo de la Navidad de 1998, pocos días antes de que su padre falleciera, relata Andrés Trapiello la razón por la que la ciudad de Teruel estuvo siempre relacionada en su imaginario con la nochebuena. En esa noche tan íntima, como ocurre con la mayoría de las familias, el ambiente se torna propicio para contar aquellos sucesos que marcan nuestras vidas. En el caso del padre de Andrés Trapiello, nunca faltaba en la cena familiar más importante del año un recuerdo especial para aquel episodio en el que pudo haber muerto, cambiando el destino de toda la familia allí reunida.

Le quedaban, en cambio, los pequeños detalles, los que jamás olvidó, la nieve en las trincheras, la luna sobre los fríos campos de Teruel, la fantasmagórica ciudad, cercana y a lo lejos, sus tristes alpargatas, el trozo de turrón, y todas las otras nochebuenas que sobrevivió para hacernos entrega de esta historia, como imagen de lo mejor de sí mismo, su propia bondad y lealtad al mismo tiempo, y diríase además que lo hizo durante todos estos años para poder dar fe de una guerra que también a él, pese a haberla ganado, le destrozó sin saberlo para siempre.

Tal día como hoy

23 años después, Andrés Trapiello rememora el mismo episodio. Como a su propio padre, el recuerdo no le abandona. Y lo hace para redimensionar una historia, la de tantos y tantos de nuestros abuelos que murieron en un combate que ellos no habían contribuido a iniciar. Como consecuencia de los errores de los dirigentes, de los desatinos y ambición de la clase política, de las grandes ideologías totalitarias que periodicamente asolan al género humano, no hay generación en que no mueran miles de personas a causa de la guerra. Lo estamos volviendo a vivir en Europa. Lo viven continuamente milones de personas en todo el mundo a diario. Con el mismo resultado: un destino que parece fatal pero que, en realidad, podría haberse evitado.

Pero mi artículo no iba de la guerra ni de aquella batalla absurda que no estaba decidiendo nada. Sino del ciego destino, tan aciago.

Merecido premio para un autor que se ha convertido en un referente imprescindible de la resistencia frente al sectarismo y la deconstrucción de historias maniqueas de buenos y malos.

El autor de Las armas y las letras

Trapiello ha hecho muchas cosas en el mundo de la literatura. Ha escrito novelas, diarios, ensayos, columnas periodísticas y poemas. Por todo ello, sus lectores estamos agradecidos. Aunque quizás sea Las armas y las letras, su monumental y ya canónica obra sobre los intelectuales y la guerra civil española, lo que lo ha convertido en un autor imprescindible. Su esfuerzo tiene mucho que ver con la recuperación de la obra de Chaves Nogales o con el conocimiento en España del generoso Morla Linch, el consul chileno que salvó cientos de vidas en un Madrid republicano en resistencia. Aficionados siempre a la buena literatura y a la escritura clara y clarificadora, no podemos por menos que recomendarte la lectura de esta obra que te ayudará a comprender que la historia siempre es mucho más compleja de lo que los activistas y militantes de uno y otro bando nos tratan de hacer creer. Pero si no te sientes con ánimos, puedes empezar leyendo el artículo que ha servido para que este 27 de abril se le otorgue a Andrés Trapiello un reconocimiento que lo hará pasar a la historia del periodismo en lengua hispana: el Mariano de Cavia.