Foto: JOSÉ AYMÁ

 

Cordobés, irreverente, tierno, elegante, inmortal, granadino, conversador incansable, afable, cultísimo, educado, irascible, silente, manchego, indignado, pacifista, animalista… Eso y muchas cosas más era Antonio Gala, quien a sus 92 años ha hecho «mutis por el foro» definitivamente. “La muerte no es una mala idea”, solía decir. Le da intensidad a la vida, la hace más densa. Su forma de expresarse, su elocuencia, la belleza de su verbo enriqueció la juventud de quienes en los 80 del siglo pasado empezábamos a leer y a consumir programas de televisión de una factura intelectual que hoy nos asombra. Los más jóvenes quizás ni lo hayan oído mencionar, pues se había retirado del mundo hace más de 10 años. Pero antes de eso, fue omnipresente. Recordamos brevemente a Antonio Gala en esta entrada y te compartimos algún verso inolvidable de este polifacético escritor.

Años de popularidad

Su retiro consciente y voluntario hasta llegar a un silencio absoluto contrasta con lo que fue su vida en los años 80 y 90 del pasado siglo. Las colas que se formaban en la Fería del Libro para obtener un ejemplar firmado de El Manuscrito Carmesí o La Pasión Turca eran legendarias. Con la primera de ellas ganaría el premio Planeta en 1990. En ella relata la vida de Boabdil, el último rey nazarí de Granada, cuya derrota ante los reyes católicos supone el fin de la presencia musulmana en España. En aquellos años, era común ver a Antonio Gala en programas de televisión, leer sus crónicas en los principales diarios españoles y conocer sus posicionamientos ante la actualidad sociopolítica en el país. En este último sentido, destacó su oposición a la OTAN. En 1986 fue una de las voces más populares de la plataforma que postulaba votar «no» en el referendum que supuso la entrada de España en la Alianza Atlántica. Su indignación volvió a reaparecer en 2015, apoyando a los manifestantes de la Puerta del Sol.

Egregio dramaturgo

Su labor literaria fue más reconocida entre los lectores que entre los intelectuales. Muchos lo vieron siempre como excesivamente complaciente con los gustos del público. Pero entre todos los géneros que cultivo (ensayo, poesía, novela, cuento, teatro, columnismo, guionista) fue probablemente su labor como dramaturgo la que recibió elogios más unánimes. Una vez más, especialmente de parte del público, que llenó los teatros una y otra vez para sus obras, allá por los años de la Transición (finales de los 70 / principios de los 80).

Gala y Quintero

Pero para muchos telespectadores, Antonio Gala será para siempre la pareja televisiva más exitosa de Jesús Quintero, el loco de la colina. Con él grabaron una serie de entrevistas, “Trece Noches”, para el Canal Sur (televisión de Andalucia). En ellos hablaron de lo humano y lo divino. Es difícil explicar lo que Gala nos aportaba. Con él, la vida parecía otra cosa: menos trágica, más poética, menos pesada y más ancha. Y la muerte, más amable. Lo dejó escrito en un soneto:

Tú me abandonarás en primavera,

cuando sangre la dicha en los granados

y el secadero, de ojos asombrados,

presienta la cosecha venidera.

Creerá el olivo de la carretera

ya en su rama los frutos verdeados.

Verterá por maizales y sembrados

el milagro su alegre revolera.

Tú me abandonarás. Y tan labriega

clareará la tarde en el ejido,

que pensaré: Es el día lo que llega.

Tú me abandonarás sin hacer ruido,

mientras mi corazón salpica y juega

sin darse cuenta de que ya te has ido.