El barbijo y otros sinónimos

El barbijo y otros sinónimos

Foto tomada de https://www.fayerwayer.com/

Está claro que la pandemia de coronavirus ha modificado parcialmente nuestras vidas. Y, de entre todos los cambios que el coronavirus nos ha traído, hay que considerar el relativo al léxico. Términos como confinamiento, gel hidroalcohólico o desescalada, desconocidos para la mayoría de nosotros hace 12 meses, hoy forman parte del lenguaje común de la ciudadanía. Mientras que cepa, curva o distanciamiento social han adquirido nuevos sentidos. En esta entrada queremos hablarte de una de esas palabras que han recobrado actualidad: nada menos que el barbijo, un sinónimo de mascarilla; se utiliza, sobre todo, en Argentina y algún otro país de habla hispana. Si sigues leyendo conocerás su origen y cómo ha llegado hasta nuestros días

De dónde viene el barbijo

 

La palabra barbijo proviene de barba. En la zona de la cara donde sale la barba, en la barbilla, se situaba en la antigüedad una parte del sombrero que servía para sujetar este último. Es por eso por lo que a esa cinta o correa se le llamaba barbijo. O también barboquejo. Esta palabra fue usada en ciertas partes de Castilla (especialmente Salamanca) y, tras la conquista, pasó a ser común en algunas regiones del continente americano.

Especialmente, la palabra barbijo arraigó en tierras sudamericanas: Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia. El gaucho, por ejemplo, usaba la palabra barbijo. Aunque ya en lunfardo, la jerga que creció en los bajos fondos de Buenos Aires, barbijo deriva hacia una cicatriz que alguien tiene en la cara, normalmente como consecuencia de una herida con arma blanca adquirida en alguna pelea callejera.

Diferentes términos en distintos países

 

En otras partes de América, tales como México, Cuba o Colombia, al barbijo o mascarilla se le dice tapaboca. O cubreboca, aún no aceptada por la RAE. Incluso se ha extendido, sobre todo en Cuba, el término nasobuco para referirse a esta prenda que parece haber llegado para quedarse entre nosotros por un buen tiempo.

Del “pico de pájaro” a las FFP2

 

Parece ser que las mascarillas se usaron por primera vez durante las epidemias europeas del siglo XIV. Todos hemos visto en películas o algún dibujo de época esos artilugios de “pico de pájaro” bastante siniestros, que algunos pobladores se ponían para tratar de evitar la temida peste bubónica. Los médicos no empezaron a utilizarlas de forma habitual hasta finales del siglo XIX. Su uso empezó a generalizarse en las cirugías. Eran, huelga decirlo, poco más que un trapo en torno a la boca y la nariz. La tecnología mejoró mucho a partir de una epidemia en el norte de China. Entonces se fabrican las primeras mascarillas modernas que luego se popularizaron durante la llamada gripe española.

Por culpa del coronavirus, nos hemos vuelto unos expertos en mascarillas: quirúrgicas, higiénicas, FFP2, con válvula o, en caso de necesidad, mascarillas caseras. Cada una de ellas presenta diferentes grados de protección. Pero todas ellas pueden denominarse con cualquiera de sus sinónimos: cubrebocas, nasobucos o barbijos.

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