El derecho al pataleo nació en las aulas

Derecho al pataleo

El derecho al pataleo nació en las aulas

 

La expresión “derecho al pataleo” consagra la actitud digna de quienes protestan ante aquello que no les gusta y que, a veces, ni siquiera sueñan con poder cambiar. La batalla de quienes ejercen su derecho al pataleo parece perdida, pero, al menos cumplen con dejar constancia del desacuerdo. La RAE la define así: “Última y vana actitud de protesta que adopta o puede adoptar el que se siente defraudado en sus derechos”. O sea, el derecho a protestar aunque no te hagan caso.

Seguramente, la mayoría de nosotros lo hemos usado alguna vez, pues raro sería que no hayamos sentido que nuestro derecho se ningunea. Sin embargo, pocas personas saben el origen de esta curiosa expresión, tan gráfica y tan elocuente, está en dos de las principales universidades castellanas durante los Siglos de Oro: Alcalá y Salamanca. Y con un sentido un poco diferente al que hoy se usa.

El pataleo en Alcalá de Henares

La Universidad de Alcalá, fundada por el Cardenal Cisneros tenía, según algunos cronistas, una curiosa tradición. Cuando un estudiante tenía que examinarse oralmente, el resto tenía el derecho a rodearlo en círculo y patalear para ponerlo nervioso. Se supone que, de este modo tan poco elegante, eliminaban un competidor.

El derecho al pataleo en la Universidad de Salamanca

En el siglo XVI, como nos podemos imaginar, estudiar no era para cualquiera ni todos lo hacía con los mismos recursos. Los más acaudalados tenían ventajas. Esta situación, unida a la falta de calefacción dieron origen al derecho al pataleo.

Ya se sabe lo fríos que pueden ser los inviernos a orillas del río Tormes. De manera que los alumnos más pobres, para ganarse un dinero con que seguir estudiando, iban más pronto al aula y calentaban el asiento a los más adinerados. Cuando estos se presentaban, los alumnos pobres pasaban al fondo, donde el frío podría resultar paralizante. Así que se ganaron el derecho a patalear y moverse unos minutos para entrar en calor. En realidad no protestaban, solo combatían el frío.

No les era posible a estos estudiantes humildes vencer de un solo las diferencias sociales. Pero al menos conquistaron su derecho al pataleo. En este caso, un derecho que no resultaba tan vano. Con el tiempo y gracias a su esfuerzo, podían ascender socialmente y ganarse un puesto entre los asientos de la sociedad un poco más calientes.

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