Usar expresiones populares cuando son bien conocidas por todos es algo que nos ayuda a hacernos entender y, por consiguiente, a escribir para comunicarnos con claridad. “Hacer el agosto” es una expresión muy conocida en todo el mundo hispanoparlante. Como tantos otros dichos y refranes, el origen de la expresión hay que situarlo en las tareas agrícolas que antaño ocupaban a la mayoría de la población mundial. En el hemisferio norte, agosto era un mes propicio para recoger la cosecha de cereales; o sea, un tiempo de abundancia. Esta es la razón por la que hoy seguimos diciendo “hacer el agosto” para señalar que alguien está haciendo un buen negocio. A continuación, te damos más detalles.

Agosto en vez de sixtilis

Antes de que el emperador romano Octavio Augusto venciera a Cleopatra y Marco Antonio, este mes del año se denominaba en lengua latina sextilis. Pero los romanos decidieron cambiarle el nombre para homenajear a su emperador, como tiempo atrás habían hecho bautizando otro mes con el nombre de Julio Cesar.

Una expresión muy antigua

Es verdad que hoy en día agosto es un mes propicio para que algunos empresarios hagan dinero. Especialmente aquellos que se dedican al sector turístico. Pero no viene de ahí la expresión, sino de muy atrás. A los antiguos agricultores les iba bien en agosto, tanto si eran propietarios como si trabajaban de temporeros. Podemos encontrar “hacer el agosto” en autores de hace muchos siglos. Es el caso de Miguel de Cervantes. En su obra La Gitanilla leemos: “Y así granizaron sobre ella (sobre Preciosa) cuartos, que la vieja no se daba manos a cogerlos. Hecho, pues, su agosto y su vendimia, repicó Preciosa sus sonajas…”.

Agostar es diferente a hacer el agosto

No todo es abundancia y vitalidad en agosto. El exceso de sol también puede restar energía. De agosto proviene un verbo poco usado: agostar. Tanto es el calor en agosto (refiriéndose siempre al hemisferio norte) que muchas plantas se secan o debilitan. Y en tal situación, algunos animales consumen los rastrojos, es decir, agostan. Por extensión, una persona que se agosta es alguien que pierde su energía. De manera que una persona o una iniciativa agostada será aquella que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

 

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