A lo largo de la historia el material del que están hechos los libros ha ido cambiando, adaptándose a diversas circunstancias. En torno al siglo II de nuestra era se produjo una de las cambios que, a la postre, resultó ser más importante. Los libros que, hasta entonces, eran papiros enrollables pasaron a ser pergaminos. Si sigues leyendo, te contaremos dónde sucedió esto y por qué tras el origen del Pergamino hay una historia antigua de rivalidad.

Precedentes del pergamino

Los primeros seres humanos que escribieron lo hicieron sobre materiales que hoy nos parecen poco propicios para ese fin. Pero hay que tener en cuenta que la escritura estaba destinada para otros usos. Los romanos, por ejemplo, escribían sobre bronce los diplomas militares. En África se han descubierto tablillas de madera escritas hace 1500 años. Y las tablilas de arcilla eran comunes en los primeros escolares de la Grecia clásica. Pero la primera gran revolución llegó con el papiro, una planta que crece en lugares cálidos y pantanosos. En Egipto empezaron a producirse los primeros papiros para escribir, según nos cuenta el historiador Plinio el Viejo.

La biblioteca de Alejandria

Quizás hayas oido hablar de ellas: tanto de Alejandría, la gran ciudad fundada por Alejandro Magno a orillas del mediterraneo egipcio, como de la biblioteca que esta ciudad albergó, la más importante de su tiempo y quizás la más famosa de toda la historia. En ella se guardaban más libros, y por tanto más sabiduría, que en ningún otro lugar de la Tierra.

La biblioteca fue obra de la llamada dinastía ptoloméica, sucesora del reinado de Alejandro Magno. Nos cuenta Irene Vallejo, en su maravillosa obra El infinito en un junco, que a esta biblioteca le salieron competidores. El rey Eumenes II quiso fundar en la ciudad de Pérgamo, en Asia Menor, una biblioteca tan importante como la que había en Alejandría. Tolomeo V, preocupado, prohibió la explotación de papiro, que solo se elaboraba en Egipto. Así que al rey Emunenes II no le quedó otra opción que inventarse otro material.

Escribir sobre la piel

La necesidad agudiza el ingenio. Esto ha sido así a lo largo de toda la historia de la humanidad. De manera que cuando los habitantes de Pérgamo se vieron impedidos de contar con el material del que hasta ese momento se hacían los libros, buscaron a su alrededor un sustituto. A alguien se le ocurrio probar con uno de los elementos más comunes en aquella cultura ganadera: la piel de las cabras y las ovejas. Descubrieron que la piel de estos animales, convenientemente tratada, podría convertirse en un estupendo soporte de las letras.

Sumergida la piel en una solución de cal, se separa la dermis del resto de las capas. Luego se tensa y se frota con piedra pomez para eliminar impurezas. Con el tiempo, la técnica se iría perfecionando. Para los libros más importantes se usaba la mejor piel, que era la de los becerros nonatos. A este tipo de pergamino se le llamo vitela.

Pergaminos que han llegado hasta nuestros días

Así fue como la ciudad de Pérgamo dio origen al pergamino. Y así fue como los pergaminos sobrevivieron hasta nuestros días. Todavía hoy, podemos encontrar códices antiquísimos escritos en pergamino en la basílica de Guadalupe, en Extremadura, o en El Escorial, Madrid.