“Como una tarántula en un plato de nata”. Así decía Ignacio Vidal Folch, en un artículo reciente, que destaca un error de concordancia en un texto. Quizás sea un poco exagerado. Estarás pensando, igual que yo, que no es para tanto. Muchas veces ni nos damos cuenta. Y lo que es seguro es que, en nuestro tiempo en que tanto dinero se ahorra en correctores, se cometen más faltas de concordancia que antaño, incluso entre la gente letrada. Pero a los que nos dedicamos a corregir textos no nos queda otra posibilidad que fijarnos con detalle para que los escritos que pasan por nuestros manos lleguen impecables al lector. De más esta decir que no siempre lo conseguimos. Pero, al menos, porfiaremos en el intento. Entonces, si has llegado hasta aquí y eres de los que aún les importa escribir bien, pon atención: hablaremos de algunos (solo unos pocos entre muchos) de los errores de concordancia más comunes en nuestros días.

Qué es la concordancia

Hay que empezar por ahí. Es verdad que se estudia en la escuela. Pero a algunos esa etapa nos queda muy lejos. Así que vamos a refrescarla. Su origen está en la palabra latina concordantia y expresa una anuencia entre dos elementos.

Llevado el asunto al plano gramatical, hablar de concordancia es hablar de cómo ponemos de acuerdo a las palabras que conforman una oración para que todas apunten en la misma dirección. Por ejemplo, para que verbos y sujetos vayan en la misma persona y en el mismo número (concordancia verbal) o para que artículos, sustantivos y adjetivos lleven el mismo género y el mismo número (concordancia nominal).

El adverbio es invariable

Entonces, vamos con uno de esos errores habituales de concordancia. Es aquel que tiene que ver con querer meter al adverbio donde nadie lo ha llamado. ¿Qué queremos decir? Fíjate en esta oración:

Cecilia estaba entre las mejores vestidas de la fiesta. *

¿Ves algún problema en esta oración? Si no lo has visto, te lo digo rápidamente. La palabra mejor es, en este caso, un adverbio. Y como todo adverbio es invariable. De paso diremos que también lo son las preposiciones y las conjunciones. Ellas no concuerdan. Son inmutables. Entonces, aunque el nombre y el adjetivo vayan en plural, el adverbio se queda en su sitio y en su estado: singular. De manera que la oración correcta sería:

Cecilia estaba entre las mejor vestidas de la fiesta.

Otra cosa sería que “mejor” funcionara como adjetivo. Ahí sí la cosa cambia.

Cecilia llevaba uno de los mejores vestidos de la fiesta.

¿Ves la diferencia? Arriba es un adverbio que modifica a una forma verbal: vestida. Abajo es un adjetivo que modifica a un sustantivo.

Adjetivos que concuerda con el neutro

También permanecen invariables aquellas palabras que, aunque sean adjetivos, concuerdan con secuencias neutras. En una oración como:

Me gustaría que los mangos fueran lo más dulces posible.

En esta frase, mangos y dulces concuerdan entre sí. Pero “posible”, que es un adjetivo, concuerda con el neutro “lo más”. Por consiguiente, sería erróneo decir:

Me gustaría que los mangos fueran lo más dulces posibles*.

No cabe duda de que esto de la concordancias no siempre resulta sencillo. Hay que fijarse mucho. Y, sobre todo, es necesario leer habitualmente. Leer nos sienta bien para todo. Incluso para que nuestras palabras concuerden cuando hablamos. Pero, sobre todo, cuando escribimos. Expresarse bien por escrito nunca está de sobra: habla bien sobre la importancia que le damos a los detalles y el gusto por un trabajo bien hecho.