Hoy, 23 de abril, es el Día del Libro. Desde 1995, se festeja en todo el mundo. Pero España ya había iniciado esta celebración años atrás. En 1926 se creó la Fiesta del Libro Español, la cual se hacía coincidir con la fecha del nacimiento de Miguel de Cervantes. Posteriormente, se trasladó la efeméride al día de su fallecimiento: el 23 de abril.

Lo que resulta curioso es que, en esa misma fecha, 23 de abril, murió también William Shakespeare. Por si fuera poco, Josep Pla, uno de los más grandes escritores en lengua catalana, nos dejó también tal día como hoy. Y hay más. El Inca Garcilaso, nacido en Perú, primer “mestizo intelectual”, que asumió en su obra tanto la herencia indígena como la española, murió en Córdoba el 23 de abril de 1616. De manera que no parece que haya mejor fecha para brindar un homenaje al libro.

Decía Borges que no hay un invento humano más asombroso que el libro. Otros inventos son extensiones de nuestro cuerpo. Pero el libro, argumentaba el argentino, es extensión de nuestra memoria y nuestra imaginación. Nos sumergimos entre sus hojas, casi sagradas, para buscar la sabiduría y la felicidad. O, simplemente, el entretenimiento.

Este año, qué duda cabe, es una celebración del Día del Libro diferente. Pero haciendo de la necesidad virtud, no se nos presentará una mejor oportunidad para tomar conciencia de, hasta qué punto, un libro nos prolonga. Hasta tal punto que son muchos los que piensan que el encierro es mucho menos opresivo cuando tienes entre tus manos un libro. Así lo manifiesta Joaquín Sabina, en un emotivo video editado por el Instituto Cervantes que te recomendamos ver.

Como ha manifestado la UNESCO, no hay mejor momento para convocarnos unos a otros a “usar el poder de la lectura para combatir el aislamiento, estrechar los vínculos entre las personas, expandir nuestros horizontes, a la vez que estimulamos nuestras mentes y nuestra creatividad”. O sea que, a pesar de todo, Feliz Día del Libro.

 

 

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