Cuando alguien dice “De Madrid al Cielo” sin duda está subrayando lo bien que se vive en esta ciudad. Tanto que, después de ella, ya no queda un sitio mejor a dónde ir: solo al cielo. Puede que, como en todas las grandes ciudades del mundo, sus habitantes pequen de un poco de chovinismo. Aunque también podemos entenderlo simplemente como un orgullo bien entendido, el que sienten los madrileños y madrileñas por una ciudad acogedora. Madrid exhibe una arquitectura prodigiosa, repleta de recursos de ocio y millonaria en evocaciones culturales. La que Francisco Umbral llamó “ciudad más abierta de Europa”. La ciudad “invivible pero insustituible” a la que Joaquín Sabina lleva 40 años cantando.

Hace falta tener poco sentido común, u otra cosa peor, para tomar esta frase emblemática de la ciudad y convertirla en un arma arrojadiza en días tan difíciles para la capital de España. Pero, en fin, la señora Clara Ponsatí ya ha tenido respuestas más autorizadas y oportunas que las nuestras. Y nos deja una triste constatación: hay virus, como el del nacionalismo, ante los que no hay cuarentenas eficaces.

Escribir Bien y Claro se limitará a mostrarte los curiosos orígenes de esta expresión que, como tantas otras, se pierden en la historia y no siempre nos dejan un rastro bien identificable.

En el siglo XVIII, bajo el reinado de aquel déspota ilustrado al que se llamó el mejor alcalde de Madrid, Carlos III, la ciudad alcanzó un esplendor que hizo a sus pobladores sentirse afortunados. Y qué mejor forma de proclamar su orgullo que con un proverbio rotundo: “De Madrid al Cielo”.

Otros historiadores de la capital de España vinculan este famoso dicho con una creencia mágica tradicional. Se decía que todas las noches las almas de los difuntos madrileños recién fallecidos se reunión en el Cerro Garabitas, Casa de Campo, antes de ascender al cielo. Probablemente la multitud de luciérnagas presentes en la zona alimentaron esta creencia popular.

Aunque quizás el origen de esta expresión haya que buscarlo más atrás, cuando el dramaturgo Luis Quiñones de Benavente escribió estos versos en pleno siglo XVII.

«Pues el invierno y el verano,

en Madrid solo son buenos,

desde la cuna a Madrid,

y desde Madrid al Cielo».

Madrid, una ciudad orgullosa de sí misma, que no se merece el desprecio o el humor negro de nadie. Pasaran estos días difíciles y volveremos a disfrutar juntos en las calles y en las plazas de ese cielo azul que tanto han cantado los poetas. Parafraseando a León Felipe, de nuevo “ganaremos la luz”.

 

 

 

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