En el principio fue la danza. A través de ella, los seres humanos expresábamos nuestros sentimientos y nos relacionábamos con los dioses. Luego vino el canto (“Canta, oh diosa…” comienza La Ilíada). Y de él, nació la poesía. Quizás por ello, los buenos compositores de canciones, sin pretender pertenecer a la aristocracia del arte, tocan nuestras fibras más íntimas con la sutileza de la mejor literatura.

Quizás por eso, hemos sentido la partida de Pau Donés con el dulce desgarro de quien despide a un ángel de las palabras. El anhelado beso de la flaca, por el que hubiéramos dado cualquier cosa, ya es eterno y vivirá entre nosotros como un verso de Neruda o una nota a pie de página de Borges.

Por si fuera poco, por si Pau Donés no nos hubiera legado bastante, días antes de su partida se despidió de todos nosotros con una hermosa canción de agradecimiento.

«Eso que tú me das

Es mucho más de lo que pido

Todo lo que me das

Es lo que ahora necesito

Eso que tú me das

No creo lo tenga merecido…”

Todo un testamento de buen vivir y buen morir. Hace falta estar hecho de buena fibra para, en el momento decisivo, transmitir gratitud, esconder el dolor y no ceder a la desesperación de saber que no volverás a mirar a los ojos a tu hija. No podemos elegir nuestro destino, pero somos libres de escoger la actitud con que lo enfrentamos. Y precisamente ahí, en hacernos cargo de nuestra suerte con entereza y dignidad, reside el mayor acto de amor que un ser humano puede donar a otro. En este caso, los herederos somos todos quienes amamos tus canciones. La letra de “Eso que tú me das” y, sobre todo, el video clip que le da vida, sin concesiones a la autoconmiseración ni al culto a la imagen, merecería pasar a la antología de las mejores recetas para la vida.

Gracias, Pau. Te recordaremos con optimismo, como te mereces.