Son muchas las explicaciones que se pueden dar sobre el origen de la expresión “hacerse el sueco”. Pero me temo que ninguna es completamente satisfactoria. Los expertos no se ponen de acuerdo. Unos se inclinan por explicaciones pintorescas y otros por argumentos con mayor peso etimológico.

Las explicaciones más “sabrosas” o simpáticas son las históricas que, aunque no estén del todo acreditadas, merecerían ser verdad. Por ejemplo, imagínense ustedes a unos marineros ingleses desembarcando en Cádiz en pleno siglo XIX para abastecerse de brandy e izando la bandera sueca. Lo harían para que nadie les cobrara más caro o les hiciera pagar las desavenencias de la corona británica con la española. Ese sería, según plantea Pancracio Celdrán en su Diccionario de frases y dichos populares, la explicación de “hacerse el sueco”. Su sentido todos los conocemos: desentenderse de algo o fingir despiste sin estar despistado en realidad.

Otros han dicho que su origen deriva de los intentos infructuosos de Napoleón para que el rey Carlos de Suecia le apoyara en la invasión de Rusia. El embajador sueco fingía no entender al francés y pedía continuas traducciones para retrasar el asunto hasta que por fin el emperador gabacho se cansó. Pero, si esto fuera cierto ¿por qué el dicho prosperó en España y no en Francia?

Vamos entonces a una hipótesis etimológica. Hay una palabra derivada del latín, soccus, la cual designa tanto a un tronco de madera, como a un calzado especial empleado por los cómicos del teatro romano. De ahí proviene ‘zueco’ (zapato de madera de una pieza), ‘zocato’ (zurdo) y ‘zoquete’ (tarugo de madera). Nos interesa este último: se le dice zoquete a alguien corto de entendederas o a quien se hace el tonto.

Algunos estudiosos no le ven sentido a esto. Además, recuerdan que en todos los países se usan nacionalidades extranjeras para atribuirles defectos humanos parecidos. Por ejemplo, en Francia se utiliza la expresión “hacerse el suizo” (faire suisse) con sentido similar al que nosotros le atribuimos a “hacerse el sueco”.

Todavía hay quien defiende que el origen de la expresión “hacerse el sueco” tiene relación con aquellas primeras turistas nórdicas que llegaron a nuestras playas en los años 60 y que evitaban entrar en contacto con el macho ibérico tan ávido de novedades eróticas. Pero eso sí que no. Ya encontramos la expresión “hacerse el sueco” en 1841, en la obra de teatro Dios los cría y ellos se juntan de Manuel Beltrón de los Herreros. O sea, un siglo antes de la irrupción del turismo en nuestras playas.

En definitiva, y como dirían en algún país centroamericano “lo más seguro es que quién sabe”. El origen de la expresión “hacerse el sueco” sigue envuelta en el misterio.

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