Todos conocemos la palabra «idiota». Es un insulto habitual. Y a veces una descripción rápida e imprecisa de una persona tonta ¿Pero sabemos de dónde viene esta palabra? ¿Somos conscientes de la complejidad de su significado? Es interesante, porque en la vida los matices importan. Si sigues leyendo con nosotros, podrás darte cuenta de lo compleja que puede llegar a ser la palabra «idiota».

El origen de la palabra «idiota»

Las raíces del término idiota hay que buscarlas en el griego antiguo: ἰδιώτης [idiˈɔːtɛːs]. Su raíz, ἴδιος, se usaba para referirse a lo que es privado o particular. O sea, lo opuesto a lo público. Idiota, en esa primera acepción griega, es quien se ocupa solo de sus asuntos. De manera que aquella persona que rechazaba todo lo público, lo que es común, para centrarse solo en sus asuntos particulares, era un idiota. Y, en cierto, modo ahí encontramos el origen del insulto. Porque para los griegos, inventores de la democracia, el rechazo a los asuntos públicos no estaba bien visto.

Del griego al latín

Como tantas otras palabras griegas que han llegado hasta nosotros, lo han hecho pasando por el latín, la lengua del Imperio Romano. Los romanos también usaban la palabra idiota, pero con otro sentido que se fue poco a poco imponiendo. El idiota ya no es quien rechaza ocuparse de lo público, sino quien rechaza saber determinada disciplina. Viene a ser un sinónimo de lego. Decimos que alguien es lego en tal materia, cuando la desconoce por completo. Para los romanos el idiota era un lego.

Reaparece en los Siglos de Oro

La palabra idiota no fue muy popular en castellano hasta llegado los siglos de Oro de la literatura española (XVI y XVII), donde encontramos la palabra en la pluma de los grandes escritores de la época: Cervantes, Quevedo, Gracián, Calderón de la Barca, etc. En estos años ya se usa con un significado más identificable para nosotros. Un idiota será para El Quijote alguien poco inteligente:

desta manera se escusarían muchos males que se causan por andar este oficio y ejercicio entre gente idiota y de poco entendimiento

Las variables de “idiota” en la actualidad

Idiota es, coloquialmente, alguien con pocas capacidades intelectuales. En psicología o psiquiatría, el significado es más preciso. Idiota es quien padece idiocia, una enfermedad mental muy grave que anula las facultades mentales del individuo y lo deja prácticamente anulado para la vida en sociedad.

Pero además de usarlo para definir coloquial o científicamente a alguien con retraso mental, indudablemente su uso más común es como insulto. Se trata de uno de los insultos más utilizado en castellano. Y ya como tal, no lo usamos solo para referirnos a alguien tonto sino también a alguien engreído o presuntuoso. Decirle a alguien idiota es un insulto grave y normalmente tiene más que ver con su actitud que con su intelecto.

En algunas obras literarias el término ha adquirido otro matiz. Dostoievski narró en su novela El idiota la historia del príncipe Lev Nikoláievich, a quien una enfermedad mental lo mantiene cándido e ingenuo como un niño, aunque no necesariamente poco inteligente.

Una pequeña lección

La evolución de la palaba idiota es interesante. Pero, además, nos permite reflexionar sobre algo. Las palabras son mucho más que herramientas para comunicarse. Llevan consigo una carga de sentido que nos habla de nuestro pasado y ayuda a proyectar nuestro futuro. En ese sentido, es curioso que el idiota fuera en un origen quien nada quería saber de los asuntos públicos. ¿Tendrá algo que ver esa actitud con la de quien es tan engreído y egoístas que no le importan más que sus asuntos? ¿Ocuparse de lo asuntos comunes que a todos nos conciernen no es un signo de inteligencia mientras que dejarlo todo en manos de los políticos nos hace un poco más tontos? Quien sabe, pero la etimología de las palabras siempre nos revela algo que nos ayuda a ser un poco más sabios.

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