Foto de Carmen Castellón

“Un compañero leal, generoso, afectuoso, inteligente, culto y divertido”. Así lo definió en un artículo Eduardo Mendoza, unas horas después de su fallecimiento, acontecido el domingo 11 de septiembre a los 70 años de edad. Y es que Javier Marías, lejos de ser el cascarrabias que algunos veían, era un ser humano extraordinario, amén de uno de los más grandes escritores de la literatura en lengua castellana en el último medio siglo. Pesar y reconocimiento para otra vida segada por el COVID a una edad que se nos antoja demasiado temprana.

Corazón tan blanco

Javier Marías era uno de los mejores escritores en lengua castellana y hubiera merecido pasar a la historia de la literatura de no haber escrito más que las prodigiosas palabras que inician la novela que lo catapultó a la fama literaria, titulada Corazón tan Blanco:

“No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados.”.

Quien lea esas palabras, magistralmente hiladas, probablemente ya nunca pueda desprenderse de su prosa, que afortunadamente ya es eterna.

Elegancia y discreción

Más allá de su calidad literaria, destacan aquellos que bien lo conocían sus grandes cualidades humanas. Entre ellas la elegancia intelectual con que viste cada uno de sus personajes y la discreción con la que se condujo toda su vida, alejado del boato público, pero siempre presto a compartir con los amigos. Sirva como botón de muestra el testimonio del también escritor Juan Villoro. Este relata que, cuando llegó a Barcelona desde su México natal con su familia, sin empleo y sin dinero, recibió un cheque del novelista madrileño por un prólogo que aún no tenía nombre: “Ya se nos ocurrirá algo; lo importante es que puedas comer”.

Hay quien veía en Javier Marías un personaje malhumorado y algo antipático. Él lo negó siempre. Su enfado era contra la estupidez, nunca contra las personas que nada le habían hecho. Pero claro, una mente lúcida como lo suya no podía permanecer inalterable ante la que él consideraba una sociedad cada vez más infantilizada y, a menudo, amenazada de intolerancia.

Estamos cercanos peligrosamente al franquismo, ¿eh? El franquismo, que se presenta como lo contrario a nuestro tiempo, pero en el fondo es la misma censura y el mismo intento de que la gente se autocensure. Y ya padecí el franquismo, no estoy dispuesto.

La saga de los Marías

El novelista era hijo de Julián Marías, el gran filósofo español discípulo de Ortega y Gasset que, represaliado por el franquismo e inhabilitado para dar clases en la universidad española, se vio obligado a pasar largas temporadas en Estados Unidos. De este modo, Javier Marías nace en Madrid, pero pasa parte de su infancia en Massachusetts, New Haven y Connecticut. Ya licenciado en filología da clases de literatura en Oxford y traduce algunos de los escritores más sobresalientes en lengua inglesa. Quizás por ello, su obra literaria sea la más cosmopolita de cuantas se han escrito en España en los últimos cincuenta años.

Un Nobel sin premio

Fue por muchos años candidato al Premio Nobel. No se lo concedieron. Otro de sus amigos y compañeros en la Academia de la Lengua, Pérez Reverte, se apresuró a afirmar que, con la muerte de Marías sin haber recibido el galardón sueco, este último sufre un revés en su credibilidad. Y es que quienes leían a Javier Marías sabían que estaban recreándose en un auténtico clásico a la altura de Montaigne, Clarín o Conrad. Otro de sus maestros, Faulkner, solía decir que la literatura es una cerilla en la oscuridad. A Marías le gustaba esta comparación. Porque, según decía, un buen libro arroja una luz irrepetible sobre aquello a lo que se acerca. Una luz que ya no volverá a encenderse pero cuyo destello permanecerá para siempre en su imprescindible obra literaria.

El COVID ha vuelto a ser cruel con todos nosotros. Esta vez llevándose a uno de los últimos gigantes de la literatura contemporánea.