Fotograma de Amanece que no es poco

 

Aunque su mundo era el cine, fue toda su vida un mago de las palabras. La Real Academia de la Lengua lamentó esta semana el fallecimiento de José Luís Cuerda con una frase de Wenceslao Fernández Flórez, cuya obra El bosque animado fue llevada a la gran pantalla por el director manchego: “Toda la ciencia consiste en saber que, de cuanto se puede ver, hacer o pensar, sobre la tierra, lo más prodigioso, lo más profundo, lo más grave es esto: vivir”.

Algunos lo han señalado como el genio del cine surrealista español, pero José Luis Cuerda rechazaba esta denominación con desparpajo y provocación. Insistía en que lo suyo no era surrealismo, “sino pegarle un revolcón a la lógica, fajarse con ella cuerpo a cuerpo y retorcerle el pescuezo hasta que vomite sus últimos argumentos”.

Lo que no cabe duda es que es sus películas, además de reírnos, degustamos mucha literatura y de la buena. En su película de culto, Amanece que no es Poco, escuchamos versos de Góngora en boca de campesinos que hacen gala de una erudición que nos descoloca. Las referencias a William Faulkner son continuas e incluso Jimmy seduce a Aurora hablándole de Dostoievski. Filósofos como Santo Tomás o Nietzsche son evocados en escenas deliciosamente hilarantes que han quedado para siempre grabadas en nuestra memoria. En Tiempo Después, su última película, los personajes van saltando de diálogo en diálogo entre referencias a Antonio Machado, Federico García Lorca o César Vallejo.

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La ya mencionada película “El bosque animado”, con la que Cuerda ganó varios premios Goya y se consagró como una de las figuras cimeras de nuestro cine o “La Lengua de las Mariposas” son adaptaciones de novelas de extraordinaria calidad literaria, gracias en buena medida al gran guionista que fue Rafael Azcona.

Cuentan que cuando terminó Tiempo después, todo el equipo presente en el rodaje del último plano lo celebró coreando “Poeta, poeta, poeta…”. Cuerda, que confesaba llorar todos los días por algo, dejó ese día correr las lágrimas de felicidad y agradecimiento. El mismo que hoy sentimos tantos aficionados al cine y a la literatura. Perplejos sin poder despegar la vista de la pantalla cada vez que nos hemos aproximado a una de sus películas, encontramos en su mirada absurda y subversiva una verdad que nos reconcilia con nuestro terruño y con la vida. Todos somos contingentes, diría Cuerda. Pero sus películas no. Son necesarias y nos sobrevivirán.