Hace unos días una suscriptora hondureña de nuestro boletín nos planteaba esta duda: ¿se puede usar la expresión «a por»? ¿Es correcto decir “voy a por agua”? ¿O debería evitar poner juntas dos preposiciones y, en virtud de la economía del lenguaje, decir “voy por agua”? Parece que una profesora le había estado insistiendo en que la doble preposición es incorrecta. ¿De veras lo es? Si nos atenemos a lo que dice la Real Academia de la Lengua, se puede decir de ambas formas. Pero vayamos por partes. A continuación te explicamos por qué en España está extendida la doble preposición y no así en otros países; por qué hay a quien le molesta ese uso; y por qué no hay razón para decir que el mismo sea incorrecto.

Un poco de historia

En la edición de la Gramática española de 1874 se rechazaba esta agrupación de preposiciones: «a por». Se decía entonces que era un solecismo, es decir, un error gramatical. Sin embargo, su uso siguió siendo común, especialmente en el lenguaje de la calle del castellano que se habla en España. Por eso un siglo después, en la Gramática de 1973, se recoge “a por” como una preposición compuesta admisible y se reconoce su uso muy frecuente. Aunque, todo hay que decirlo, se recomienda no ser utilizada en la norma culta. Así que si estás escribiendo una conferencia para un entorno académico, mejor no usarla.

Este uso se generalizó en España, pero no así en Hispanoamérica. ¿Por qué? Bueno, su uso empezó a extenderse en el siglo XVII, cuando ya el español se había implantado en América. Y, como en tantas otras cosas, la lengua siguió diferentes caminos. Es por ello que muchos especialistas de los países americanos se sienten incómodos con «a por». Es normal que así sea, pues las lenguas evolucionan de diferentes maneras en diversos contextos. Y en América «a por» no se usa. Pero, ¿por qué en la vieja España se generalizó este uso?

Dos preposiciones juntas

Hay quien argumenta que dos preposiciones no deberían ir juntas, pero no hay ninguna regla en nuestra gramática que impida tal cosa. Ejemplos de preposiciones bien avenidas son: «la escogí de entre las mejores»; «necesito ser más considerado para con mis padres». Algunos lingüistas han llamado la atención sobre el hecho de que nuestro idioma permite el uso de dos preposiciones juntas cuando ambas mantienen un significado. Así, si decimos «vengo de por tabaco», la preposición “de” expresa que nos hemos movido desde otro lugar hasta donde estamos, y la preposición “por” que anteriormente nos habíamos desplazado a aquel lugar a comprar tabaco. Si podemos decir, “vengo de por tabaco”, por qué no vamos a poder decir “voy a por tabaco”. En este último caso, la preposición “a” indica dirección, y la preposición “por” expresa la razón que me ha llevado a tal sitio.

Una formula que evita ambigüedades

No obstante, quizás estes pensando que no deja de ser redundantes decir «Voy a por tabaco», cuando podíamos haber dicho voy por tabaco. Es verdad. Y es por eso que tradicionalmente, el habla culta ha evitado esta forma. Pero hay cosas en que, sin embargo, la doble preposición es muy útil para deshacer posibles ambigüedades. Fijémonos en el siguiente ejemplo:

Voy por mi hijo

La oración anterior podría significar que sustituyo a mi hijo en un determinado evento o bien que voy a recogerlo. Si decimos “voy a por mi hijo” ya no existe la confusión.

Conclusión

En conclusión la expresión “a por” es correcta y se puede utilizar sin problemas. Así lo admite la Real Academia en su última gramática:

No hay razones lingüísticas para condenar el uso de a por, tan legítimo como el de otras combinaciones de preposiciones nunca censuradas, como para con, de entre, por entre, tras de, de por, etc. La secuencia a por (documentada ya en textos españoles de los siglos xvi y xvii) se explica por el cruce de las estructuras ir a un lugar (complemento de dirección) e ir por algo o alguien (‘en busca de’), ya que en esta última está también presente la idea de ‘movimiento hacia’.

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