Para mucho críticos literarios, se trata de la mejor novela escrita en español durante el último cuarto de siglo. O de la última gran novela latinoamericana, con un impacto solo comparable a Cien años de soledad. Otros la equiparan con Rayuela y dicen que sustituyó a la novela de Julio Cortazar como obra de culto de toda una generación. Roberto Bolaño saltó a la fama en 1998 con la publicación de Los Detectives Salvajes. Tras su muerte en Barcelona en 2003, se publica un año después su otra novela monumental: 2666. ¿Qué tiene Bolaño para seguir seduciendonos 20 años después de su partida? ¿Por qué se conmemora 25 años despues la publicación de Los detectives salvajes? A continuación, brevemente, intentaremos responder estas preguntas.

Una estructura narrativa muy atractiva con un ritmo trepidante

Los detectives salvajes es una novela sumamente atractiva por la forma en que aborda temas tan universales como la identidad, el sentido de la vida o la creacion artística. Todo ello con un extraordinario halo poético, un sentido del humor un tanto oscuro y un erotismo que algún crítico calificó de anárquico.

Sin duda, una de las virtudes de Los detectives salvajes es su estructura. La novela se puede divivir en tres partes bien diferenciadas y perfectamente articuladas entre sí, hilvanadas con maestría. El relato fluye con facilidad. Bolaño escribe como si respirase. Vargas Llosa fue uno de los pocos autores de la generación anterior que no escatimó elogios para el chileno:

Es una novela ambiciosa, maravillosamente bien iniciada; las primeras 100 páginas con la descripción del mundo mexicano, bohemio semi rulfianesco marginal, está bien hecha. Luego la novela cambia y se convierte en un juego.

Otros sin embargo son más críticos y dicen que el chileno no era un buen novelista, sino un extraordinario cuentista. Y, por supuesto, para otros es ante todo uno de los mejores poetas de su generación. Sus novelas, es cierto, comprenden cientos de cuentos en su interior que se entrecruzan. Algunos culminan y otros se prolongan hacia un punto en el horizonte que nunca llega a concluir, una especie de agujero negro literario de los que tanto gustaban a los infrarealistas, protagonistas de Los detectives salvajes.

Los infrarrealistas

Los infrarrealistas eran un grupo de poetas que se juntaron en México en la década del 70. Bolaño los retrata (se retrata a sí mismo) en Los detectives salvajes. Arturo Belano, casi autobiográfico, y Ulises Lima son los dos principales personajes de esta novela. Tanto ellos como el resto de quienes pueblan el universo narrativo de Los detectives salvajes son personajes cínicos y un poco disolutos, desilusionados con su entorno. Actores nihilistas y presas del azar que en cierta manera reflejan también el mundo interior de un Bolaño que probó en tres países diferentes el amargo sabor de la decepción: Chile, México y España. Más que una estética, el infrarealismo es una ética. Bolaños mantuvo siempre ese aura de artista iconoclasta y marginal. Nada que ver con los escritores del boom que le precedieron. La fama y el reconocimiento le llegaron cuando ya era un escritor maduro, amenazado por una grave dolencia hepática. Antes, para sobrevivir, fue botones, repartidor, tendero, recogedor de basura o guardia en el camping de Casteldefels, a las afueras de Barcelona.

Lector apasionado

Como la mayoría de los grandes escritores, Bolaños fue un lector apasionado. Desde niño, mostró una voracidad por la cultura en general y por la literatura en particular que en ocasiones bordeaba lo enfermizo. Cuentan que leía hasta en la ducha. De ahí su erudición prodigiosa que facilmente se confundía con la arrogancia.

Igual que Borges, Bolaño daba más importancia a leer que a escribir. El chileno dejo dicho que es escribir puede ser un acto de masoquismo. Pero leer es mucho más placentero e interesante. No podemos estar más de acuerdo. Te invitamos a celebrar estos 25 años de Los Detectives Salvajes para que, si aún no te has acercado a la obra de Roberto Bolaño, comiences con este ya clásico de la literatura latinoamericana.