Se cumplen hoy, 28 de marzo de 2022, 80 años de la muerte de Miguel Hernández, poeta del pueblo, así llamado tanto por sus orígenes humildes como por el compromiso vital y poético con la justicia social. O mejor sería hablar de su asesinato. Pues si bien fue la tuberculosis lo que acabó con su vida, su encierro en la prisión de Alicante empeoró su estado de salud de forma irremediable. Las Nanas de la Cebolla, dedicadas a su hijo pequeño, o El rayo que no cesa, inspirado en sus amores por Maruja Mallo, son solo algunas de las obras cumbre de este poeta del pueblo, cuya atribulada vida nos sigue conmoviendo casi tanto como su poesía. Si sigues leyendo, te sorprenderás con algunas de las curiosidades que a continuación te contamos.

Muerte en la cárcel

Es bien sabido que Miguel Hernández murió en una cárcel franquista en Alicante. Lo que quizás es menos conocido es que su muerte podría haberse evitado de tener un poco más de humanidad el vicario de Orihuela. El canónigo siguió a rajatabla, sin necesidad de hacerlo, una ordenanza según la cual a los presos enfermos había que dejarlos morir. Podría haberlo evitado y enviado al hospital, pero al parecer Hernández no cedió a sus presiones para que aceptara contraer el matrimonio católico.

Las dos Españas criminales

Entre las preocupaciones constantes de Hernández, un poeta pobre sin los contactos ni los apoyos de otros grandes de la época (Albertí, Lorca o Neruda), estuvo desde el comienzo de la guerra alimentar a la familia de su esposa Josefina, cuyo padre, guardia civil, murió a manos de unos militantes de la CNT. Ni los nacionales ni los rojos contaron nunca a su suegro como “uno de los suyos”, por lo que le tocó al poeta cargar con el peso del hambre de toda esta familia hasta su trágica muerte unos años después.

Nanas de la Cebolla

Tal era la situación difícil por la que pasaba toda la familia que su mujer le contó a Miguel Hernández, durante una visita a la cárcel, que su pequeño hijo, Manuel Miguel, solo comía cebollas. Es el origen de uno de los poemas más desgarradores de la historia de literatura que se hizo aún más popular por la musicalización que del mismo hizo Serrat en 1972.

Elegía a Ramón Sijé

Conmovedora hasta el extremo es también la elegía que el autor compuso a la memoria de un gran amigo. Ramón Sijé, católico y de ideas contrarias al poeta, murió de una complicación intestinal un año antes de comenzar la guerra.

Un poeta diferente

Buen amigo de Alexandre y protegido por Neruda, quien pronto cayo seducido por la verdad que transmitían sus versos, Miguel Hernández, sin embargo, no se ganó la amistad inmediata de otros grandes poetas de la época. Sus aficiones no eran, probablemente, tan sofisticadas con las de algunos de su generación. Hernández era, por ejemplo, un gran aficionado al balompié, como se le decía entonces al fútbol, y parece que hizo sus escarceos en este deporte, aunque no con gran fortuna. Sí compartía con los de su generación la devoción por todo lo taurino, tan presente en sus versos, y trabajó durante años para Cossio en la redacción del la obra monumental que este elaboró sobre los toros. Parece que sus diferentes orígenes abrían una brecha que no siempre se pudo cerrar. En otros pesó la envidia, si hacemos caso a la investigación publicada recientemente por José Luis Ferris.

En cualquier caso, son 80 años de la desaparición de Miguel Hernández, poeta del pueblo, que puso en el mapa mundial a la localidad de Orihuela y cuyos poemas son referente no solo de su generación sino de todas las personas que ven en la poesía no solo un fuente inagotable de belleza sino también una inspiración para la justicia social y el compromiso.