¿Qué hace a una palabra hermosa.? ¿La fonética? ¿Lo qué evoca? ¿Su etimología? Las razones que pueden darse para decir que una palabra es hermosa son muchas y diversas. Y finalmente, como todo lo relacionado con nuestros gustos, tiene mucho que ver con nuestra experiencia. No obstante, de tanto en tanto, alguna institución se lanza a averiguar qué palabras nos gustan más. Revisamos a continuación algunas de las palabras más celebradas.

Consulta a internautas

En 2006, la Escuela de Escritores en España lanzó la iniciativa de preguntar a los internautas sus palabras favoritas. Abrumadoramente, ganaron palabras evocadoras que se refieren a sentimientos que todos valoramos, como amor, libertad, vida o amistad. Pero también estuvieron entre las más nombradas algunas cuya sonoridad resulta difícil de negar: azahar o libélula.

Las preferidas por los profesionales

Algunas escritores o académicos han sido preguntados ocasionalmente, cuál es su palabra preferida. Javier Marías, el novelista ya fallecido, escogía «nauseabundo», una palabra que, a su juicio, se amoldaba muy bien a lo que denomina. Aunque claro, lo paradójico es que para afirmar que es hermosa debemos olvidarnos de su significado.

«Ultramarino» es la palabra preferida por Alex Grijelmo, periodista destacado en asuntos filológicos. Así se llamaban antes las tiendas de barrio en España. Ya van desapareciendo, por desgracia, pero quienes tienen más de 50 años las conocieron bien. Dice Grijelmo que en una palabra tan larga cabía todo: chocolate, galletas, pastas y todo tipo de golosinas como las que endulzaron su niñez.

El poeta colombiano Jaramillo escogió “caravana”, porque es una palabra que a él le evoca aventura. Y esa sucesión de sílabas, todas con «a», recuerdan las filas de camellos o de camiones, ajustándose bien al significado de la palabra.

¿Subjetividad?

David Hume, filósofo empirista británico, dejó dicho que la belleza no se puede objetivar y que solo existe en el espíritu de quien la contempla. Puede que ahí radique todo, pero quien puede negar que hay sonidos más agradables que otros para el oído humano. Por ejemplo, ¿cómo no preferir una caricia efímera a un roce de corta duración?