Foto tomada de https://www.levante-emv.com/

 

Rafael Cadenas conserva, a sus 92 años, la lucidez que le ha llevado a cosechar durante su larga vida toda clase de premios literarios. Ahora, cuando ya no esperaba casi nada, le llega el Premio Cervantes.

Este venezolano, que nunca ha querido abandonar su país (más de 7 millones de compatriotas lo han hecho), ha sufrido el desprecio y la animadversión del poder desde muy joven. El dictador Pérez Jiménez lo encarceló y luego lo exilió en la isla de Trinidad. Hugo Chávez y Nicolas Maduro lo ignoraron y él prefiere ni nombrarlos. En cierta ocasión, en medio de una depresión y esperando en la consulta del psiquiatra, escribió unas notas que luego se convirtieron en todo un himno lírico en América Latina: Derrota. Imposible leer estos versos sin sentirse atribulado:

“Yo que no he tenido nunca un oficio…

…que soy imbécil y más que imbécil de nacimiento

que perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo

que no lloro cuando siento deseos de hacerlo

que llego tarde a todo

que he sido arruinado por tantas marchas y contramarchas

que ansío la inmovilidad perfecta y la prisa impecable…”

Pero hoy, ya no se reconoce en aquellas palabras. Ha sobrevivido a la cárcel y al exilio, a la decepción que le produjo conocer los crímenes de Stalin y de Castro, al culto a la personalidad en la actual república bolivariana, a la mentira, al hambre, a la ausencia de libertad en su país y a una economía de guerra donde los antiguos revolucionarios se enriquecen mientras alguien como él, tras medio siglo de docencia, apenas cobra un puñado de dólares al mes.

Su palabra es limpia y conmueve por su verdad: “Tengo ojos, no puntos de vista.” Cuesta entender que se pueda ser tan longevo acumulando tantas frustraciones. O quizás justamente sea ese el secreto de una vida larga. Recientemente escribió: «Tal vez sólo para hacerte sitio/ me tiene en pie la vida». Bienvenido sea Rafael Cadenas al selecto grupo de los Premio Cervantes. Sucede a cuatro poetas y es el primer venezolano en recibir el galardón más importante de las letras en el mundo hispano.