La expresión toque de queda tiene su origen en el ámbito militar, como fácilmente se puede deducir. En el lenguaje castrense, se llamaba toque de queda al que se llevaba a cabo todas las noches llamando a la quietud y toque de diana al que anunciaba la aurora, rompiendo el recogimiento del anterior. El primer toque se hacía sobre una campana o, modernamente, mediante una sirena. El toque de diana se llevaba a cabo con corneta, como habremos visto en alguna película. El vocablo “queda” proviene del latín quiētus. Con él se hace referencia al momento de serenidad que, por lo general, va aparejado a la llegada de la noche.

No todos los idiomas utilizan la misma metáfora. Si lees prensa en inglés, te habrás dado cuenta de que se menciona el término curfew para las restricciones a la movilidad que se llevaron a cabo, por ejemplo, en Miami o Nueva York la pasada primavera. Esta palabra deriva de una obligación que en la edad media imponía “cubrir el fuego” de todas las chimeneas, velas y candelabros a determinada hora de la noche, para evitar los temidos incendios en una época en la que las viviendas estaban mayormente construidas de madera. El mismo origen tiene la hermosa palabra italiana coprifuoco.

La vuelta del toque de queda

Con la pandemia de coronavirus, este término apenas conocido en el mundillo civil, ha vuelto a ponerse de moda. Bien es cierto que en muchos países de América Latina el toque de queda no ha sido algo tan inusual. A menudo ha estado vinculado a levantamientos militares y situaciones de excepcionalidad en que el orden preestablecido se encontraba amenazado, a criterio de las autoridades. Así en Chile se prolongó por más de tres años tras el golpe de Estado de Pinochet o en Perú fue común implantarlo en los peores momentos del terrorismo de Sendero Luminoso. En Honduras, en 2017, para sofocar las protestas que generó el fraude electoral, se estableció un toque de queda que duró 10 días.

Pero en Europa, hay que remontarse hasta la segunda guerra mundial para hablar de un toque de queda, con algunas excepciones. Una fue la generada en España por el intento de golpe de Estado de 1981. En aquella ocasión, la medida apenas duró unas horas.

La pandemia del coronavirus ha vuelto a poner ante nosotros esta herramienta jurídica de infausto recuerdo. Francia, Italia, España y otros países hablan ya de toque de queda. Aunque para evita la connotación que indudablemente el término tiene, asociada a totalitarismo, prefieren un eufemismo. Así el presidente italiano afirmaba esta semana que no le gusta esa palabra y el español ha recomendado a los medios de comunicación que se hable de restricción noctura a la movilidad.

Ahí veremos si prosperan esos eufemismos o si, en cambio, nos acostumbraremos a este término como a tantas cosas que esta pandemia no está obligando a asumir.

 

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