Un año sin David Gistau: lo seguimos recordando y leyendo

En el aniversario de David Gistau

Un año sin David Gistau: lo seguimos recordando y leyendo

Hoy 9 de febrero cumplimos un año sin David Gistau. Su prematura partida fue un duro golpe para todos los que lo leíamos y lo queríamos. Se nos fue cuando más falta nos hacía, a las puertas de una pandemia cuyas circunstancias a buen seguro él hubiera iluminado con su capacidad de observación inigualable.

Para quienes no siguieron su obra en vida o, mejor aún, para quienes la echamos en falta, merece la pena leer el libro que acaba de publicar la editorial Debate, una recopilación de sus mejores artículos.

Pero entre todo lo escrito por Gistau, la mejor manera que sabemos de homenajearle es releyendo una de sus piezas magistrales.

Del Martini al meconio

Quién nos habría dicho que los dedos de sostener Dry Martinis acabarían manchados de meconio, y que no importaría, que no habría por ello nostalgias de otra vida.

Así relató Gistau, con ternura infinita, el descubrimiento de la paternidad. De tomarse copas a limpiar las heces del bebé. Y todo ello sin nostalgia. Te compartimos un extracto y una grabación en la voz de Leonardo Sbaraglia. Sobran los comentarios.

Me sentí padre por primera vez cuando, ya desaparecidas las visitas, oscurecido el día, vinieron para llevarse a Luca al nido. Una enfermera empujó su cuna y, como debía entrar en otra habitación para recoger a otro recién nacido, dejó a Luca solo, abandonado en mitad del pasillo, a merced de cualquier orco o leopardo que pasara por ahí. Y fue esa indefensión del niño incapaz todavía de reñir sus peleas, de mi hijo, la que avivó un hondísimo instinto de protección por el que me abofeteó el descubrimiento de que era padre. Me enteré yo, y también la enfermera que a altas horas de la madrugada hubo de explicar a un tipo en bata que no hacía falta que montara guardia en la puerta del nido, “no hay orcos, no hay leopardos, y usted también debe descansar”.

El mejor de su generación

 

Gistau ha sido, muy probablemente, el mejor columnista español de la generación que creció con la transición política. Su trayectoria vital le permitió hacer de puente entre Francisco Umbral, a quien trató personalmente en los últimos años del genial articulista, y una pléyade de grandes firmas a quien apadrinó: Jorge Bustos, Julio Valdeón, Hughes o Manuel Jabois, entre los más destacados.

El columnismo es un subgénero literario / periodístico que podemos encontrar en muchos países pero que en España ha tenido un excepcional desarrollo. A decir de algunos especialistas de literatura contemporánea, tuvo su edad de oro entre 1898 y 1936. En esos años, periodistas con extraordinario talento literario hicieron florecer este género. Mucha gente compraba un determinado periódico y no otro atraído por el comentario sobre la realidad de autores como Corpus Barga, Josep Pla, Mariano de Cavia o Julio Camba, por citar solo algunos de los más destacados.

Dicen que a este género se le llama columna por la forma vertical en que solía ir presentada en los periódicos de papel. Aunque el nombre bien podría derivarse de una analogía con su arquitectura argumental: la basa (tesis), fuste (argumentación) y capitel (conclusión). En cualquier caso, la esencia del columnismo lleva aparejada el valor literario. Uno recuerda algunos artículos de Umbral o de Raúl del Pozo no tanto por lo que dicen sino por cómo lo dicen. Ignacio Camacho, otro de los grandes columnistas de nuestro tiempo, defiende que este género no busca, o no debería buscar, moldear la opinión de lector, sino algo mucho más digno: contextualizar y argumentar la realidad.

Un año sin David Gistau es mucho tiempo

 

El blog de Escribir Bien y Claro rinde homenaje al periodista. Un año sin David Gistau ya pesa sobre nosotros. Sin él, es un poco más difícil explicarnos la realidad que nos rodea y disfrutar de sus matices. Y para quienes tenemos por objetivo escribir para que nos entiendan, perdimos un maestro.

Los grandes literatos, máxime cuando son grandes personas, nos nutren hasta cuando se van. Quizás eso sea lo que llaman trascendencia. O como dijo su hijo Luca, de 10 años: “él sigue a nuestro lado y está con nosotros, pero de una manera transparente”.

admin
ludena1964@gmail.com
No Comments

Post A Comment