Resumir en pocas palabras un sentimiento importante que queremos transmitir es una de las utilidades de una buena frase inspiradora. También pueden servir para invitar a alguien a reflexionar sobre algunos de los aspectos más decisivos de la existencia. Son muchos y diversos los aportes que nos puede brindar una buena frase escrita por un personaje famoso o por un escritor de talento indiscutible. ¿Pero es siempre adecuado utilizar frases dichas o escritas por otros en nuestros propios textos? Normalmente sí. Una buena frase colocada en el lugar adecuado puede ofrecer una síntesis muy apropiada que ponga al lector en predisposición de escuchar lo que tenemos que contarle. Pero a veces, un abuso excesivo de las frases felices puede provocar un efecto indeseado. Reflexionamos sobre ello en esta nueva entrada de nuestro blog. ¿Nos acompañas?

Un precedente: los epígrafes

No siempre fue así, pero a partir del siglo XVI se puso de moda utilizar epígrafes en las obras literarias. Hoy seguimos haciéndolo. Y los usamos también al inicio de un trabajo académico. Por ejemplo, en la primera página de un TFG. Escoger bien un epígrafe es muy importante. Sirve para sintetizar, de entrada, lo que una obra literaria o científica pretende aportar. Y de este modo, predisponemos positivamente al lector que se acerca a nuestro texto.

Hay ciertas normas tipográficas que conviene seguir cuando hacemos un epígrafe. Lo normal es que si el epígrafe introduce el documento u obra en su conjunto vaya colocado en la primera página de texto, inmediatamente debajo de ese título. A veces nuestra obra, científica o literaria, está dividida en capítulos. Es común entonces que cada capítulo se abra con una frase que se colocará inmediatamente despues del título del capítulo. El epígrafe se escribe en la misma fuente que el resto del texto pero en un cuerpo menor. Habitualmente va en cursiva y sin comillas. Cuando es un epígrafe breve, se margina a la derecha; en otro caso, se usa la misma sangría que estemos utilizando para el resto de los párrafos.

frases que evocan

Frases: cuáles ayudan y cuáles no

Como en tantas otras cosas de nuestra vida, en el justo medio está lo más correcto. Una buena frase, por ejemplo, puede ser más útil que un sesudo tratado de filosofía para evocar un sentimiento o una actitud que nos ayude a seguir adelante en un momento difícil. Existen cientos de páginas en la red que nos brindan frases felices. Aunque no siempre tienen la misma calidad. Algunas son un simple recopilatorio sin orden ni concierto y otras, como frases.top, hacen una selección muy completa y de calidad, de manera que se convierten en imprescindibles si estamos buscando una buena frase para dedicarle a alguien o para comenzar un escrito.

Pero el abuso de las frases puede hacernos perder credibilidad. Un interesante estudio realizado en Canada demuestra que muchas personas son incapaces de separar el grano de la paja y le otorgan el mismo valor a una buena frase que a un conjunto de palabras aleatorias y con buena apariencia, pero que en realidad no dicen nada que pueda resultar de provecho.

Nuestra recomendación para introducir frases de otras personas en tus propios escritos es que seas razonable y selecciones con cuidado lo que necesitas. Si encuentras una buena frase que encierre en sí misma lo esencial de lo que quieres transmitir, úsala con confianza. Pero si no es así, siempre conviene regresar a aquella advertencia que Sócrates le hizo a Protágoras: No me salgas con citas de Simónides, porque estaríamos como los hombres incapaces de conversar, que dejan la palabra a la música que contratan para amenizar sus reuniones. ¿Qué piensas tú? ¿No tienes nada que decir?

En síntesis, sé cuidadoso y busca frases de calidad para tus epígrafes o, simplemente, para compartir con tus amigos en las redes. Pero no abuses de ellas para no restarles fuerza ni credibilidad a tu propio criterio personal.