Vicenta Lorca llegó a Fuentevaqueros en 1892 para hacerse cargo de la escuela de niños. Allí conoce a un terrateniente viudo, Federico García Rodríguez, con el que acabará casándose. Con mucho pesar, cinco años después de hacerse cargo de la escuela, abandonaría su profesión. El motivo fue el embarazo de su primer hijo, en un tiempo en que tener descendencia y dedicarse a la docencia eran actividades incompatibles. El nombre de su primer vástago: Federico García Lorca. Sobre esta historia se monta una obra de teatro que se estrena en Madrid en este mes de febrero: Lorca, Vicenta.

Lorca, Vicenta es una obra teatral que recrea a la que quizás sea la mujer más importante en la vida del poeta. La mujer que leía en alto a Victor Hugo y que dejaría una impronta en el niño Federico que nunca se borraría. Así la describía el autor de Bodas de Sangre: “Mi madre, a quien yo adoro, es maestra. Dejó la escuela por las galas de labradora andaluza, pues ha ensañado a leer a cientos de campesinos y ha leído en alta voz por las noches para todos, y no ha desmayado un momento en este amoroso afán por la cultura. Ella me ha formado a mí poéticamente y yo le debo todo lo que soy y lo que seré.”

Cuenta su director, Pepe Bornas, que la idea de llevar a los escenarios a la madre de García Lorca surgió casi por casualidad. En principio, el propósito de la compañía Apata Teatro era indagar en los sucesos previos al asesinato del poeta. Pero al leer las cartas entre García Lorca y su madre surgió la fascinación por esta última. Una mujer comprometida con la educación progresista, que ejerció callada pero eficazmente de contrapeso fundamental en el devenir de la trayectoria del director de La Barraca. Su padre quería que él estudiase Derecho, para hacerse cargo de los negocios de la familia, pero su madre supo entrever el talento de su hijo, comprender la grandeza de sus sentimientos y reconocer la libertad que Lorca necesitaba para hacer aflorar toda la creatividad que llevaba dentro.

Escribir Bien y Claro ha podido disfrutar del estreno de esta obra en el entrañable Teatro Carlos III de El Escorial y comprobar tanto su calidad escénica como la profunda emoción que transmiten sus textos, escritos bajo el influjo y embrujo inconfundible de la pluma del dramaturgo granadino. Vicenta Lorca fue una mujer valiente y pionera, oculta y anónima tras la figura gigantesca de su hijo. A ella le debemos, nada más y nada menos, que la obra de Federico García Lorca, el más universal de los poetas andaluces, cuya vida fue trágicamente interrumpida por la barbarie fraticida que arrasó España entre 1936 y 1939.